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martes, 24 de noviembre de 2020

ECOLOGISMO Y GLOBALISMO

 

 

 


las ideologías más peligrosas

 

Observatorio Van Thuan, 24-11-20

 

El ecologismo y la globalización, según el XII Informe del Observatorio Cardinal Van Thuân que acaba de publicar Cantagalli (Siena, págs. 256, Euro 16), son las dos ideologías más peligrosas en este momento, tanto más por su convergencia. como las garras de un vicio implacable y forman parte de un plan político único y mundial. Quizás nunca antes se había presentado un Informe tan oportuno, recién salido de la imprenta, para abordar un tema tan actual y de interés siempre oportuno cuando la implementación de este 'plan' se encuentra en una etapa de avance tan preocupante y avanzada. Todos ven, pero no todos comprenden: el propósito del Informe es aportar pruebas, informar y movilizar resistencias.

 

El ecologismo es hoy en día una enorme burbuja ideológica. Incubado durante décadas, ahora ha alcanzado una fase generalizada como programa por derecho propio. La idea básica es que el medio ambiente está enfermo y el hombre es la principal causa de esta enfermedad. Incluso Covid, que no tiene nada que ver con el medio ambiente, ha sido señalado como un síntoma de la gravedad de la enfermedad que aqueja al planeta. Estamos al borde de una catástrofe. Este es el mensaje que llega no solo y no tanto de Greta Thunburg, ante la cual se han postrado todas las asambleas parlamentarias y organismos internacionales, sino de agencias de Naciones Unidas, centros de investigación alineados, grandes fundaciones, los medios de comunicación de este mundo y el formadores de opinión del sistema. Nos dirigiremos hacia un calentamiento global devastador causado por nuestras emisiones de dióxido de carbono, Seremos literalmente arrastrados por las catástrofes climáticas y tendremos que acostumbrarnos a las pandemias recurrentes. Los recursos no renovables se agotarán y es absolutamente necesario potenciar los recursos renovables y sostenibles, y crear una economía verde basada en la circularidad, la sostenibilidad, el equilibrio con la naturaleza y las relaciones humanas sobrias y solidaria.

 

Este nuevo orden ambiental, sin embargo, se vuelve político de inmediato. Todos tenemos que colaborar todos juntos, como Covid nos habría enseñado, y superar las barreras de las identidades, nuestros cierres y muros. Es necesario forjar una sociedad global y abierta dotada de una gobernanza mundial, cuando incluso un gobierno, capaz de hacer frente a las amenazas igualmente globales para el medio ambiente y, por tanto, la convivencia solidaria entre las personas. Sin embargo, el globalismo político sería imposible sin una sociedad global estandarizada culturalmente en una ética de la humanidad con sólo unos pocos principios morales genéricos y vagamente humanistas, y una religión universal sin dogmas y doctrinas bien definidos. La ética natural y la doctrina católica deben simplificarse a través del diálogo interreligioso universalizado con miras a una sociedad multi-ética y multi-religiosa provocada también por fenómenos de inmigración. De esta manera, ambientalismo y globalismo se unen en un proyecto político único y universal. Las fuerzas que persiguen dicho proyecto están trabajando y su implementación se encuentra en una etapa avanzada.

 

Este proyecto bastante alarmante ahora está siendo apoyado también por la Iglesia Católica, que está decididamente orientada por el mismo camino que las Naciones Unidas y las fuerzas económicas, sociales y políticas que abrazan el culto al medio ambiente, depositando falsas esperanzas en soluciones utópicas a la economía. divisiones y desigualdades, proponiendo una fraternidad universal bastante plana, y centrándose en un programa educativo mundial, colectivista y estandarizador.

 

Llegando justo a tiempo, por lo tanto, es el Informe del que estoy hablando, este Informe que aborda las tesis que he esbozado en forma resumida y las desarma una por una: el marco general colapsa, los datos se deforman de manera instrumental, y la realidad está desconcertada. El Informe es un verdadero manual de contrainformación que contrasta con el nuevo régimen que la gente buscaría imponer. Siete ensayos fidedignos y quince informes actualizados de diversas partes del planeta desmantelan los cuentos de hadas que nos cuenta la gente y nos devuelven a la realidad. La forma en que están las cosas no tiene nada que ver con su narración actual.

 

Riccardo Cascioli explica que el énfasis actual en la “sustentabilidad”, punta de lanza del ambientalismo dominante, es de origen eugenésico, ya que considera al hombre como el depredador de la naturaleza en un estado de equilibrio y, por lo tanto, la presencia del hombre debe reducirse. Luis Carlos Molion ilustra cómo el calentamiento global no es producido en modo alguno por el hombre, por lo que, a partir de los datos, desinfló un cuento gigantesco que se ha abierto paso en la sabiduría colectiva a través de un esfuerzo de desinformación sistemática que solo podría haber sido planificado. Gianfranco Battisti demuestra que la tesis sobre el agotamiento de los recursos petroleros es absolutamente insostenible, y esto por una razón en particular: nadie tiene idea de los datos exactos porque las estimaciones están viciadas desde el principio por los intereses sesgados de las multinacionales petroleras. Domenico Airoma y Antonio Casciano reprochan el programa verde de la Unión Europea que tendría como objetivo eliminar la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera para el año 2050. Según nuestros autores, este programa tendría “mucha ideología, demasiado centrismo regulatorio y muy poca ciencia ". El Rev. Mauro Gagliardi ofrece una correcta reconstrucción de la visión católica de la creación y la purga de la superposición ideológica al servicio de los propósitos del nuevo ambientalismo. Mario Giaccio abre una puerta que la gente quiere mantener herméticamente cerrada, y esta puerta abre el camino a operaciones financieras especulativas en el comercio de cuotas de emisión de gases entre países europeos: la economía verde no puede presumir de virginidad porque se basa en la especulación financiera al igual que tanto como la economía que le gustaría derrotar. 

 

Considerando el acuciante sistema de desinformación que nos hace ver lo que no existe y esperar lo que no vale la pena, el soplo de aire fresco que brinda este XII Informe del Observatorio Cardenal Van Thuân es exactamente lo que necesitamos.

 

Stefano Fontana-Director

lunes, 20 de abril de 2020

LA REPAM VUELVE A LA CARGA



con su discurso inmanentista de ‘ecologismo integral’

Por Carlos Esteban
Infovaticana, | 20 abril, 2020

Hemos advertido -y señalado repetidamente- el discurso eclesial moderno que huye de toda referencia no meramente formularia de referencias sobrenaturales para seguir, en cambio, las modas ideológicas del momento, especialmente el mundialismo y el ecologismo radical. Hoy vuelve a la carga de manos de Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la Repam (Red Eclesial Panamazónica), que desde las páginas de Vatican News, el órgano oficial online del Vaticano, nos anima a “repensar todos nuestros modos de vida y estructuras sociales a la luz de la ecología integral”.

Los esfuerzos de la jerarquía católica por condenar cualquier intento de ver en la pandemia de coronavirus un castigo o, al menos, una advertencia de Dios contrastan poderosamente con los discursos jaleados por esa misma cúpula eclesial de relacionar la peste con una respuesta de Gaia, la Naturaleza planetaria -una ‘pataleta’, en palabras del Santo Padre en conversación con Jordi Evole-, de modo bastante cuestionable.

Lo hace ahora Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la Repam, en Vatican News con un indigerible texto titulado ‘La comunión con la madre tierra resucitará después de la pandemia’.

Si la Iglesia tiene un mensaje específico, es decir, distinto del resto de los mensajes humanos, es precisamente en lo que hace a la sobrenaturalidad, al destino eterno de cada ser humano en contraste con una naturaleza -cielo y tierra pasarán- que acabará inevitablemente destruida. Si la Iglesia esconde o minimiza o pasa por encima de ese mensaje para dar preferencia a aquellos -de nuevo cuño y desarrollados deprisa y corriendo para que ‘cuadren’- de los que el mundo secular ha sido pionero, las consecuencias lógicas solo pueden ser dos: que muchos fieles deduzcan que si algo tan urgente y relevante como nuestro destino eterno no centra el mensaje de la jerarquía es porque no se lo creen demasiado, y que la propia Iglesia se vuelva redundante -¿para qué necesita el Pensamiento Secular una cámara de eco que repite con retraso?- y, por tanto, irrelevante.


No es fácil avanzar por el texto de López, con frases tan alejadas de la sencillez evangélica como este: “Sólo a consecuencia de la cantidad de energía interior liberada por la reflexión… tiende entonces a emerger de los órganos materiales para formularse también en espíritu”, pero al menos puede identificarse la reinterpretación de nuestra de en una clave meramente ecológica. Se refiere, por ejemplo, a los seres humanos como “miembros de una casa común” que no es ni la Iglesia ni el Cielo prometido, sino el planeta.

Ahora, los seres humanos somos, obviamente, habitantes (durante un tiempo breve y limitado) del planeta, pero en absoluto ‘miembros’. Toda la reflexión teológica de Padres, doctores, santos y Papas hasta la fecha ha ido en contra de esta visión, considerando más bien nuestra vida sobre la Tierra como un peregrinar, como “una mala noche en una mala posada”, como una estadía en un “valle de lágrimas” que cobra sentido como prueba para alcanzar nuestra verdadera patria, que es el Cielo.

Esto no significa en absoluto una concepción negativa de la Naturaleza que, como creación, es “buena”, según afirma el Génesis, y hacia la que tenemos un deber de custodia. Pero no es nuestra “casa común”, al menos, no nuestro hogar, del que estamos temporalmente exiliados.

En realidad, López, tan amigo de recurrir a frases largas, más o menos abstrusas e ininteligibles, es breve y claro cuando expresa su verdadero mensaje: “Es hora de redistribuir los bienes de la creación”.

La pregunta es quién, porque a esa frase le falta un agente. ¿Quién va a distribuir “los bienes de la creación”? ¿Cómo? Tratándose de “la creación” entera, solo un gobierno mundial podría hacer eso. Y, desde luego, solo hay un modo: por la fuerza.

Sigue López dándole a la vinculación entre la actividad humana industrial y esta pandemia: “Debemos recrear toda nuestra sociedad a la luz de esa visión de ecología integral, u otra pandemia vendrá pronto haciendo aún más daño, y porque la más grave de todas las crisis planetarias, la de la emergencia climática, nos llevará al final como civilización si no cambiamos YA”. La conexión causal (“u otra pandemia vendrá pronto”) no está, ciertamente, explicada. La inferencia es que, si frenamos el crecimiento y desmantelamos la sociedad industrial, la Naturaleza no tendrá razones para estar “enfadada” con nosotros y tener otra “pataleta”, algo que hubiera sorprendido enormemente a la Europa del S. XV durante la Peste Negra, que acabó con entre un tercio y la mitad de la población sin que sea fácil conectarla con emisiones de gases invernadero.

Por el contrario, es evidente que la riqueza que nos ha proporcionado esa Revolución Industrial es la que nos permite luchar eficazmente contra la pandemia, al contrario que nuestros antepasados, por no hablar de que todo apunta a que la actual peste, lejos de ser una ‘pataleta de la tierra’, surge de un laboratorio de ese país que, en palabras de monseñor Sánchez Sorondo, es el que mejor aplica la Doctrina Social de la Iglesia.

martes, 5 de enero de 2010

Avatar o el ecologismo como religión


Una de las aventuras épicas más impresionantes jamás llevadas al cine, "Avatar" es la realización del sueño personal de James Cameron, director de "Titanic", que escribió el guión de su nueva película 14 años atrás, pero sólo en 2005 tuvo a disposición la sorprendente tecnología cinematográfica que "Avatar" estrena, y que ha establecido un nuevo estándar para el mundo cinematográfico.

La nueva tecnología gráfica, especialmente cuando puede disfrutarse en 3D, como sucede en las principales plazas del mundo, sirve de vehículo para narrar una conmovedora historia épica que se desarrolla en la imaginaria luna llamada Pandora, donde los seres humanos explotan un extraño y valioso mineral para garantizar la energía a un planeta Tierra completamente devastado y sin recursos vitales.

"Avatar" nos introduce al fascinante y surrealista mundo de Pandora a través de los ojos del personaje principal Jake Sully, un ex infante de marina confinado a una silla de ruedas. Jake recibe la oportunidad de su vida cuando la corporación que explota el mineral de Pandora le ofrece participar del programa “Avatar”.

Debido a la toxicidad de la atmósfera de Pandora, el programa “Avatar” permite que "conductores" humanos manejen mentalmente cuerpos biológicos artificialmente creados mediante la combinación de ADN humano con el de la raza nativa de Pandora, los Na'vi.

Los Na'vi son casi dos veces más altos que los seres humanos, perfectamente esbeltos, con una piel azulada y algo atigrada y dotados de una agilidad incomparable.

Capaz de desplazarse libremente en su nuevo avatar, Jake recibe la misión de infiltrar a los Na'vi, cuya resistencia a permitir que sus bosques sean destruidos por la corporación de la Tierra se ha convertido en un dolor de cabeza para los desalmados humanos.

Las cosas, sin embargo, no salen según lo planeado: Jake, en su avatar, se extravía en la peligrosa jungla de Pandora, y cuando está a punto de perecer a causa de la hostil fauna local, es salvado por una bella Na'vi, Neytiri, una suerte de princesa de su raza.

Jake comenzará así una doble vida: en su silla de ruedas, como espía informante de la avanzada militar humana, y dentro de su avatar, como un Na'vi cada vez más fascinado con la compleja cultura local, la impresionante naturaleza de Pandora, y la belleza de Neytiri, con quien comienza a desarrollar una relación cada vez más apasionada.

Inicialmente dividido entre ambos mundos, Jake opta por ocupar su lugar mesiánico entre los Na'vi y finalmente liderar la épica batalla final contra los explotadores humanos de la que dependerá la subsistencia de Pandora.

Hasta aquí la descripción. Tratándose de una película de Hollywood, no es difícil imaginar el final.

Lo desconcertante de “Avatar”, sin embargo, es la descarada, infantil y hasta ridícula propaganda ecologista, donde cualquiera que no comparte el radicalismo "New Age" de creer en la "madre tierra", es un asesino sicópata, como el "malo" de la película, un coronel que desde una nave ordena la masacre de una tribu Na'vi mientras degusta indiferentemente una taza de café.

La separación entre buenos y malos es tan grotesca, que en nada se diferencia al mundo de héroes y villanos de los cartones animados para niños de la Warner, esos del Correcaminos y el Coyote Waly que concluían con el proverbial "eso es todo amigos".

Los héroes de Avatar, los Na’vi, son, en efecto, tan "buenos" como "malos" son los explotadores humanos: creen en la "madre tierra", piden permiso y luego disculpas a cada animal que cazan para subsistir y viven en total, perfecta e idílica conexión con la naturaleza.

Esta conexión no es figurativa: en la película, los Na'vi poseen una trenza dotada de terminaciones nerviosas con las que se literalmente se conectan a similares "tomacorrientes" neurálgicos de animales que corren y vuelan; y es sólo mediante esta conexión, y no la destreza, como pueden desplazarse por tierra o volar montados sobre enormes aves.

Los ritos fúnebres de los Na'vi son escenas calcadas de los festivales hippies de la década de los 70: sentados en posición "yogui", entrelazan las manos en alto en círculos concéntricos, mientras cierran los ojos, contonean sus torsos y cantan mantras a la "madre tierra."

La única redención posible, la película nos conduce a creer, es convertirse en un Na'vi. La otra alternativa es formar parte de los frívolos, desalmados y codiciosos humanos, que no contentos con haber destruido su propio planeta “convierten en enemigos a cualquiera que esté sentado sobre algo que les interesa”, como señala uno de los personajes en “Avatar”.
No hay medias tintas. Pero esa "redención" se logra sólo aprendiendo el camino iniciático, porque como dice Jake en uno de sus informes, "nosotros los humanos no tenemos nada que a los Na'vi pueda interesar"; mientras que Neytiri responde a los deseos de Jake de aprender el camino: "no se puede llenar una copa que ya está llena".
Es decir, hay que "vaciarse" de todo lo humano y "comenzar de nuevo" por el camino de unos pocos iniciados. Pero ¿Cuál camino? El del gnosticismo ecologista versión siglo XXI; es decir, el que niega que, como sostiene el cristianismo, que la salvación es para todos y está al alcance de todos.
Los críticos de Hollywood suelen ser feroces con lo que califican de "simplismo moralista" de la mayoría de películas cristianas. Producciones de trasfondo cristiano como "Fireproof", "Facing the Giants" o "The Blind Side" con un más que aceptable éxito en la cartelera norteamericana, han sido literalmente aplastadas por los críticos de cine por el supuesto "crimen" de ser "moralistas".
De esta crítica no se han salvado ni siquiera películas con argumentos ricos y complejos como "Bella" o "Because of Winn Dixie".
El simplismo moralista y el maniqueísmo de “Avatar” es no sólo risible, sino incluso un insulto a la inteligencia del espectador. Pero ¿Por qué ganará más de un Oscar y por qué alguna audiencia aplaude enardecida cuando los Na'vi, ayudados por la "madre tierra" comienzan a despedazar a los humanos?
Primero, porque sin duda, la película no puede ser cinematográficamente más espectacular. Pero principalmente, porque representa el dogma oficial de Hollywood de la religión sin Dios y sin compromisos morales personales. Y Hollywood ensalza a sus “santos” con el mismo fanatismo con el que quema a sus “herejes”. Eres el Correcaminos o eres el Coyote Waly. “Avatar” ha venido a confirmar esa regla.

www.aciprensa.com, 5-1-10