que prefiere el confort a la Cruz
Por Tomás I.
González Pondal
La Prensa,
08.03.2026
Seguramente muchos
habrán escuchado la famosa frase que se atribuye al poeta Charles Pierre
Baudelaire, esa de: "el gran engaño del demonio es hacer creer que no
existe".
Si a eso le
agregamos que es de lo más común oír “no estés viendo al demonio en todos
lados”, y también que es de lo más común desear cada vez más y en grandes dosis
el confort, el conformismo, resulta que el hombre vive en una indiferencia
gravísima y asaz dañina sobre la realidad del infierno.
Quien haya
inventado el “no estés viendo el demonio en todos lados”, dudo mucho que haya
tenido argumentos sólidos para sostener su afirmación.
San Pedro enseñó
algo diametralmente opuesto y nos exhortó: “Sed sobrios, y vigilad, porque
vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a
quien devorar”.
Allá, en el
infierno, no se duerme. Hasta la consumación de los tiempos los demonios
merodean por este mundo, intentando, sin descanso, ganar personas para
llevarlas al infierno donde será el llanto y el rechinar de dientes.
Las tentaciones
diarias nos dan cuenta de la existencia de los seres angélicos caídos: están
ahí, nos tientan, nos molestan, nos sugieren malas cosas, buscan perdernos.
San Pablo en su
carta a los de Éfeso habló de las potestades malignas que se mueven en los
aires, y nos indicó que tenemos una lucha diaria y constante contra ellos: “la
lucha no es contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las
potestades, contra los poderes mundanos de estas tinieblas, contra los
espíritus de la maldad en lo celestial”; vale decir, mi lucha no es hundir a mi
vecina, una mujer de carne y hueso, sino pelear para que los demonios no me
hundan.
Si bien se
aprecia, a su vez la potestad angélica del mal se sirve de lo mundano que está
en las tinieblas.
FERIA DE PECADOS
El mundo de hoy,
no temo decirlo, se ha transformado como jamás se dio, en una feria gratuita de
pecados, al por mayor y de variadísima gama, que se nos ofrecen con el visto
bueno de la aprobación social conformista. La caída es tan fácil, la lucha tan
ardua.
Principalmente los
demonios acechan y tientan sin cuartel a las almas religiosas y a las almas que
hacen defensa pública de la fe: contra ellas lanzan finísimos ataques y
elaboran complejas estrategias para lograr las caídas.
Cualquier general
busca con los suyos abatir si pudieran a los más bravíos hombres de las tropas
que tiene por enemigas; y si eso hace en buena lógica un general humano, ¿qué
no hará el Príncipe de este mundo contra las almas que quieren vivir amigas de
Dios y defendiendo la fe?
Andan como “león
rugiente”. No es que uno los vea en todos lados, es que por más que alguien no
quiera verlos ellos seguirán manifestándose por doquier.
La indiferencia no
los ahuyenta, les da más campo de acción.
El alma dada a la
oración y a la vigilancia sí puede mantener a raya a los espíritus malignos, a
distancia si se quiere, pero ellos no dejan de intentar sus invasiones.
Recordemos la
anécdota del monje que se fue de compras a una ciudad: a cierta distancia de
esta última, tuvo una visión en la que vio cantidad de demonios dormidos sobre
ella; mas al regresar al monasterio, volvió a tener visión y vio cómo cantidad
de demonios buscaban la caída de los monjes.
Descansaban en la
ciudad revelando así que ya tenían liquidadas aquellas almas, que habían de
alguna manera alcanzado su objetivo, mas combatían en el monasterio mostrando
la rabia contra los varones amigos de Dios.
Y ante la caída
buscar levantarse. Acudir siempre a la Santísima Virgen María y a San José.
San Juan Clímaco
predicaba: “Que tangan ánimo los que soportaron la humillación de estar
sometidos a las pasiones. Incluso si caen en todos los precipicios, si se dejan
capturar en todas las trampas o si son alcanzados por todas las enfermedades,
cuando recobran la salud, llegan a ser médicos, faros, lámparas y pilotos para
todos, enseñando los síntomas de cada enfermedad; su propia experiencia los
vuelve capaces de impedir a los otros que caigan”.
Y cómo no memorar
aquellas tan alentadoras palabras del Doctor Melifluo, San Bernardo, de las que
solo cito algunas: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas
en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María. Si
eres agitado por las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la
ambición, si de la emulación, mira a la Estrella, llama a María. Si la ira, o
la avaricia, o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira
a María. Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la
vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio,
comienzas a ser sumido en la sima del suelo de la tristeza, en los abismos de
la desesperación, piensa en María.”
ENGAÑO SUTIL
Hay algo
sutilmente muy fino que ha logrado Satán además de hacer creer a los hombres
que él no existe. Y ese logro es este: “Que ha hecho creer que, en el diario vivir,
no hay ninguna lucha espiritual que librar en orden a la salvación eterna”.
El hombre gasta
todos sus esfuerzos en obtener una vida cómoda, en el máximo confort. Desprecia
la cruz.
Preguntando a las
personas cuáles son los tres enemigos contra los que debemos luchar, miran
raro, como diciendo: “¿de qué me estás hablando?” Uno respondió: “Inglaterra,
los políticos corruptos…”.
Pocos saben que
esos tres enemigos que bregan para nuestra perdición eterna son “el demonio, el
mundo y la carne”. En resumidas cuentas, tengo para mí, que: “Un gran engaño
del demonio es haber logrado la indiferencia del hombre moderno en la lucha por
ganar la vida eterna.”