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miércoles, 12 de febrero de 2025

MÉDICO RESPONSABLE DE LOURDES

 

“Así se ha reconocido el 71º milagro”

 

Wlodzimierz Redzioch

Brújula cotidiana, 11_02_2025

 

A continuación reproducimos la entrevista de Wlodzimierz Redzioch a Alessandro de Franciscis, publicada en el semanario católico polaco Niedziela (El Domingo)

***

El pasado 8 de diciembre –día de la solemnidad de la Inmaculada Concepción- Monseñor Malcolm Patrick McMahon, arzobispo de Liverpool, reconoció oficialmente como milagrosa la curación de un ciudadano de Liverpool que se remonta a hace más de cien años. En su decreto, el arzobispo explica que se trata de una curación espectacular que tuvo lugar durante una peregrinación en 1923 y en presencia de los médicos. De esta manera, el número total de milagros de Lourdes asciende a 71.

 

He podido hablar sobre esta milagrosa curación de John Traynor ocurrida en Lourdes con el doctor Alessandro de Franciscis, responsable de la Oficina de Constataciones Médicas del santuario.

 

Doctor, ¿quién era este joven inglés de Liverpool que recientemente ha sido reconocido como el beneficiario del milagro número 71 de la Virgen de Lourdes?

Era un joven de clase obrera que durante la Primera Guerra Mundial de 1914-18 sirvió como reservista en la Marina Real británica. Durante la batalla de los Dardanelos recibió impactos de bala en el cráneo y en el brazo derecho, lo que le provocó parálisis en la extremidad superior derecha. Además, los daños cerebrales sufridos le provocaron una grave epilepsia. Fue enviado de vuelta a un hospital en Inglaterra. Traynor fue operado como se hacía entonces, con una trepanación craneal, para reducir la presión intracraneal. Desafortunadamente, esta intervención provocó la parálisis de ambas piernas, lo que convirtió al joven en un enfermo grave. Debido a sus condiciones fue declarado jubilado de guerra y enviado a una especie de residencia de ancianos.

 

¿Y por qué este hombre paralítico quiso participar en una peregrinación a Lourdes?

Ese mismo año, Traynor decidió participar en una peregrinación al santuario de Lourdes organizada por primera vez en 1923 por su diócesis de Liverpool, a pesar de que muchos de sus amigos, incluido un sacerdote que conocía bien su fragilidad, habían intentado disuadirlo.

 

¿Era Traynor católico?

Sí, su madre era una católica irlandesa que murió prematuramente cuando él era solo un niño y le había transmitido un gran amor por la Virgen.

 

¿Cómo fue el viaje a Lourdes?

El viaje de Liverpool a Lourdes fue largo y complicado teniendo en cuenta que se trataba de una persona que ni siquiera podía caminar. Pero al final Traynor consiguió llegar al santuario: el baño en las piscinas tuvo lugar en la tarde del 25 de julio. Posteriormente, después de la procesión eucarística, ocurre algo extraordinario: durante la bendición con el Santísimo Sacramento una fuerza invade su cuerpo: sus piernas, de repente, comienzan a moverse, su brazo se levanta hasta trazar en el aire la señal de la cruz. Y de inmediato se dan cuenta de que el hombre ha sido curado milagrosamente.

 

En 1926, ya recuperado y fuerte, Traynor decide volver a Lourdes como camillero voluntario. En el santuario se somete al peritaje colegiado de la Oficina de Constataciones Médicas. Su pericia es tan importante y su curación tan espectacular que se publicará un acta de la visita médica, firmada por mi predecesor, el doctor August Vallet, en 1926. Los testigos son tres médicos que estuvieron presentes durante la peregrinación de 1923 y que habían visto a Traynor antes y después de la curación.

 

Este acta se publicó en el Journal de la Grotte, el órgano de prensa oficial del santuario, pero nunca se transmitió a la diócesis de Liverpool. ¿Por qué?

El problema es que entonces no existía ningún procedimiento bien definido como el que tenemos hoy para tratar estos casos, por lo que esta publicación no se envió al obispo de Liverpool.

 

¿Y todo quedó en el olvido?

Durante muchos años, sí. En 1993 la revista semanal de la diócesis de Liverpool se preguntaba por qué no se había reconocido oficialmente el milagro recibido por uno de sus ciudadanos. También porque Traynor fue voluntario de camillas en Lourdes hasta el final de su vida.

 

¿Y cómo se desbloqueó el caso de Traynor?

Con motivo del centenario de la primera peregrinación de la diócesis de Liverpool a Lourdes, algunos de mis colegas me preguntaron por qué nunca se había analizado el caso de Traynor. Entonces le pedí a un compañero médico, el doctor Kieran Moriarty, miembro inglés del Comité Médico Internacional de Lourdes, que analizara el expediente de Traynor conservado en los archivos de la diócesis de Liverpool. El doctor Moriarty encontró poco, pero entre lo que había descubrió una fotocopia amarillenta: era la fotocopia del Journal de la Grotte con el informe del doctor Vallet, que examinó a Traynor en julio de 1926, junto con los tres doctores (los doctores Azurdia, Finn y Marley) que habían examinado a Traynor, tanto antes como después de su curación. Su informe concluye con la siguiente afirmación: “Reconocemos y proclamamos, junto con nuestros hermanos, que el proceso de esta prodigiosa curación está absolutamente fuera y por encima de las fuerzas de la naturaleza”.

 

¿Y usted qué hizo?

A principios del verano pasado le entregué todo este material a mi obispo de Tarbes-Lourdes, monseñor Jean-Marc Micas. Le expliqué que desde el punto de vista médico no había nada que hacer porque todo estaba certificado. Entonces mi obispo escribió al obispo de Liverpool y le envió todo el material preparado por mí. En respuesta, el arzobispo constituyó una comisión canónica-diocesana. Yo mismo fui interrogado en noviembre y di mi versión de los hechos. El arzobispo consideró oportuno firmar el decreto el 8 de diciembre de 2024, fiesta de la Inmaculada Concepción. Y también ha tomado la decisión de celebrar una gran fiesta en la catedral el 18 de febrero, el día [en Lourdes] de la fiesta litúrgica de santa Bernadette Soubirous. Tanto el obispo de Tarbes-Lourdes como yo, como responsable de la Oficina de Constataciones Médicas, estamos invitados a la ceremonia de Liverpool.

 

¿Qué significa este reconocimiento oficial del 71º milagro de Lourdes?

Todo esto representa una señal de la bondad de Dios y de la Inmaculada. Y también es importante el hecho de que el reconocimiento oficial se haya proclamado en vísperas del Jubileo de 2025, dedicado por el Papa Francisco precisamente a la esperanza, la esperanza que millones de peregrinos tienen en el corazón cuando van al santuario de Lourdes.

viernes, 20 de septiembre de 2024

EL VATICANO AUTORIZA MEDJUGORGE

 

 pero no menciona la sobrenaturalidad

 

Nico Spuntoni

Brújula cotidiana,  20_09_2024

 

Sí al culto y a las peregrinaciones, no a lo sobrenatural. Éste es el resumen de la esperada nota La Reina de la Paz redactada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre Medjugorje. El antiguo Santo Oficio concede el nihil obstat, aprobado por el Papa, basándose en los numerosos frutos positivos de esta experiencia espiritual, pero no reconoce el carácter sobrenatural del fenómeno.

 

El criterio que inspira este nuevo documento es el mismo que Joseph Ratzinger expuso a Vittorio Messori en su Informe sobre la fe de 1985. Entonces, el futuro Benedicto XVI dijo sobre Medjugorje: “Uno de nuestros criterios es separar el aspecto de la verdadera o presunta ‘sobrenaturalidad’ de la aparición del de sus frutos espirituales. Las peregrinaciones del cristianismo primitivo se dirigían a lugares sobre los que nuestro espíritu crítico moderno se quedaría a veces perplejo en cuanto a la ‘verdad científica’ de la tradición vinculada a ellos. Esto no quita que aquellas peregrinaciones fueran fecundas, provechosas, importantes para la vida del pueblo cristiano. El problema no es tanto el de la hipercrítica moderna (que luego desemboca, entre otras cosas, en una forma de nueva credulidad) como el de evaluar la vitalidad y la ortodoxia de la vida religiosa que se desarrolla en torno a esos lugares”.

 

El cardenal prefecto Víctor Manuel Fernández, en la rueda de prensa de presentación de la nota, ha citado a Ratzinger y ha explicado que tanto el Dicasterio como Francisco han hecho suyo ese criterio a la hora de redactar y aprobar uno de los documentos más esperados de los últimos cuarenta años. Esto ya es noticia dentro de la noticia: el prefecto que llegó con el mandato de marcar una discontinuidad con el anterior método del Santo Oficio -calificado por Francisco en una carta como “a veces incluso inmoral”-, se ha apoyado en su antecesor más conocido para explicar al mundo el resultado del dossier más esperado.

 

La nota “La Reina de la Paz” ensalza los numerosos frutos de Medjugorje -“abundantes conversiones; frecuente retorno a la práctica sacramental (Eucaristía y reconciliación); numerosas vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y matrimonial; profundización de la vida de fe; una práctica más intensa de la oración; numerosas reconciliaciones entre los esposos y la renovación de la vida matrimonial y familiar”- separándolos, sin embargo, del capítulo de los videntes. O más bien, como se ha empeñado en señalar Fernández en la conferencia, de los “supuestos videntes”.

 

Las conclusiones del documento, se dice en la Nota, “no implican un juicio sobre la vida moral de los presuntos videntes”. No sólo: el antiguo Santo Oficio ha puntualizado en el texto que los frutos positivos “se producen, principalmente, en el contexto de las peregrinaciones a los lugares de los hechos originales, más quedurante los encuentros con los 'videntes' para asistir a las presuntas apariciones”. Éstos, según la Nota, “ya no se deben percibir como mediadores centrales del 'fenómeno Medjugorje', en medio del cual el Espíritu Santo obra tantas cosas bellas y positivas”. En vista de ello, al conceder el nihil obstat al culto, la Santa Sede dijo que las personas que van a Medjugorje “se les debe orientar fuertemente a aceptar que las peregrinaciones no se hacen para encontrarse con supuestos videntes, sino para tener un encuentro con María, Reina de la Paz”. Un concepto reiterado en la conferencia por el Cardenal Prefecto que ha definido la relación con los supuestos videntes como “no aconsejable”.

 

Durante la rueda de prensa, sin embargo, Fernández ha defendido la experiencia de Medjugorje y la ortodoxia de los mensajes de la Reina de la Paz. Para el Cardenal Prefecto, “los supuestos mensajes no deben leerse como un texto magisterial o un catecismo, sino que hay que captar el núcleo que hay detrás de la imprecisión de las palabras”. Citando el ejemplo de santos como Juan de la Cruz, Catalina de Siena y Teresa de Lisieux, Fernández recordó que incluso sus textos son a veces teológicamente defectuosos y en el pasado les han valido también diversas acusaciones, incluso, para Teresina, de luteranismo. Los supuestos mensajes de la Reina de la Paz se caracterizan igualmente por un lenguaje accesible tras el que se esconde una “convicción muy católica”.

 

La propia Nota afirma: “La valoración positiva de la mayor parte de los mensajes de Medjugorje como textos edificantes no implica declarar que tengan un origen directamente sobrenatural”. Y admite que “algunos pocos mensajes se alejan de estos contenidos positivos y edificantes e incluso parece que llegan a contradecirlos”. Por este motivo, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha analizado la colección de mensajes y ha indicado las “aclaraciones necesarias” que se deben ofrecer a los fieles “para evitar que se comprometa este tesoro de Medjugorje”.

 

Fernández ha aclarado que no pueden aceptarse como revelaciones privadas porque no se reconoce la certeza de que sean mensajes de la Virgen, pero sí se consideran “textos edificantes capaces de estimular una bella experiencia espiritual”. La problemática de algunos de ellos, según la Nota, proviene de la insistencia en órdenes sobre fechas y asuntos ordinarios atribuidos a la Virgen y que, en cambio, “se explican únicamente a partir de los deseos de los presuntos videntes”. En su conferencia, Fernández ha hecho hincapié en este punto, afirmando que tales ejemplos serían la manifestación del “modelo de Virgen cartera que rechaza el Papa Francisco”.

 

Además, la Santa Sede se ha protegido estipulando que el Visitador Apostólico de carácter especial para la parroquia de Medjugorje “deberá verificar que, en toda publicación que recoja los mensajes, venga incluida la presente Nota como Introducción”. A la luz de las “necesarias aclaraciones” del documento, monseñor Aldo Cavalli deberá discernir los mensajes futuros o pasados que aún no han sido publicados.

 

En el discernimiento de los aspectos centrales de los mensajes, la Nota destaca también la caridad, que -se informa- permite “llevar la paz al mundo, implica también el amor hacia aquellos que no son católicos”.

 

Precisamente sobre este tema, hay que destacar las declaraciones de Fernández en la rueda de prensa que han tocado otro tema de actualidad: las críticas al Papa por sus palabras sobre las religiones en Singapur. De alguna manera, el Cardenal Prefecto “ha corregido” a Francisco explicando la Nota, pero probablemente pensando en la polémica suscitada durante su último viaje: “Esto no quiere decir que todas las religiones sean iguales ante Dios, ojo: no hay sincretismo ni relativismo, pero los hombres sí, todos son amados por Dios. No basta con pertenecer a la Iglesia católica para salvarse”.

sábado, 25 de mayo de 2024

SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS


 la engañosa reconstrucción de Fernández

 

Ermes Dovico

 

Brpujula cotidiana,  25_05_2024

 

 

El extraño caso de las supuestas apariciones de Ámsterdam (1945-1959), que aún no han sido reconocidas, continúa también en el último documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), donde la referencia a las mismas es clara, aunque no se mencione explícitamente su localización.

 

El cardenal Víctor Manuel Fernández, al motivar lo que en realidad es una disminución de la autoridad de los obispos diocesanos individuales en materia de apariciones, escribió al respecto en la presentación de las nuevas Normas del Dicasterio para la Doctrina de la Fe para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (17 de mayo de 2024). Aquí, el Prefecto del DDF resume el complejo asunto del juicio sobre las presuntas apariciones ocurridas a Ida Peerdeman enumerando, de manera precisa, una serie de fechas, desde 1956 hasta 2020, para dar cuenta de cómo ha evolucionado en el tiempo el juicio sobre este caso, con un intrincado “rebote de pelota” Amsterdam-Roma-Amsterdam.

 

Sin embargo, lo que no es exacto (además de algunas lagunas significativas en el mismo resumen) es el hecho de que el cardenal argentino, en su presentación de las Normas, confunde dos veces un juicio de non constat de supernaturalitate -una fórmula formalmente negativa pero que conserva, según una distinción teológica, el beneficio de la duda sobre supuestos fenómenos sobrenaturales examinados por la Iglesia- con un juicio negativo de claro rechazo, a saber: constat de non supernaturalitate.

 

En concreto, esto es lo que escribe Fernández (la negrita es nuestra en la cita, ed.): “Vale la pena recordar un caso de supuestas apariciones de los años 50, en el que el Obispo emitió un juicio final de ‘no sobrenaturalidad’ en 1956. Al año siguiente, el entonces Santo Oficio aprobó las medidas de ese Obispo. A partir de entonces, se volvió a solicitar la aprobación de esa veneración. Pero en 1974, la misma Congregación para la Doctrina de la Fe declaró una constat de non supernaturalitate sobre las mismas supuestas apariciones. [...]”.

 

En realidad, en 1956, monseñor Johannes Huibers, el primer obispo de Haarlem que se pronunció sobre el caso de la “Señora de todos los Pueblos” (que es el título con el que la Virgen se habría presentado a Peerdeman), no emitió “un juicio final de ‘no sobrenaturalidad’”, tal y como escribe el actual prefecto de la DDF, sino que expresó un juicio, por así decirlo, suspensivo, un tanto a medias: por un lado, de hecho, prohibía la veneración pública, pero por otro permitía la veneración privada del título, la imagen y la oración de la Señora de todos los Pueblos. En el 56 -y aquí va otro dato relevante- las supuestas apariciones seguían en curso. Y la propia Roma, en el 57, confirmó la medida del obispo, pero añadió que no excluía la posibilidad de evaluar nuevas informaciones en el futuro.

 

Luego, en mayo de 1974, tras la reapertura del caso, llegó la famosa Notificación de la CDF en la que se lee que el obispo de Haarlem, en el 56, declaró que “no constaba de la sobrenaturalidad de las apariciones”, fórmula que puede asociarse al más prudente non constat. Y es de este juicio que el mismo ex Santo Oficio, también en aquella Notificación, confirmó la validez.

 

En los últimos años ha salido a la luz que la citada Notificación fue precedida por la aprobación por parte de Pablo VI (abril de 1974) del juicio de la misma CDF -aprobación desconocida durante mucho tiempo por la propia diócesis de Haarlem-Amsterdam (como se admitió a finales de 2020)-, pero en cualquier caso en el documento de mayo de 1974 se informa y confirma un juicio de non constat, que es distinto del constat de non, como ya hemos explicado.

 

Evidentemente, si esta distinción existe -al menos en el plano teológico- y también ha sido tenida en cuenta en el pasado por las autoridades eclesiásticas (aunque en las Normas de 1978 sólo se aluda rápidamente al constat de supernaturalitate y al non constat de supernaturalitate), es porque se le ha reconocido un sentido. Por tanto, es bueno que se mantenga este sentido, informando de los términos de la cuestión con la mayor precisión posible, sobre todo en un documento oficial como las nuevas Normas firmadas por el Prefecto Fernández, que declara querer favorecer la prudencia en el juicio de los supuestos fenómenos sobrenaturales.

 

En cambio, la engañosa reconstrucción del cardenal Fernández sobre la finalidad del juicio negativo sobre Amsterdam acaba desacreditando la labor de los mismos obispos que se han sucedido al frente de la diócesis de Haarlem, el último de ellos monseñor Joseph M. Punt, que en 2002 se pronunció a favor de la sobrenaturalidad de las apariciones. Lo que no dice la síntesis de Fernández es que a ese reconocimiento se llegó también a la luz de un diálogo entre la sede de Haarlem y Roma que no se detuvo tras la Notificación de 1974 -confirmando que no se trataba de una sentencia definitiva- y que, de hecho, se retomó con vigor a partir de los años Ochenta, bajo el entonces prefecto de la CDF, Joseph Ratzinger.

 

Hay que recordar que el reconocimiento de las apariciones en 2002 se hizo bajo la responsabilidad del obispo, pero no llegó ninguna reprimenda de Roma -durante nada menos que 18 años- sobre ese juicio, al menos hasta 2020, cuando se adoptó el “compromiso” oficialmente en vigor [aunque, sin embargo, el propio Fernández lo impugnó de hecho en la rueda de prensa de presentación de las Normas (ver a partir de 1:20:19), refiriéndose a las peregrinaciones para visitar a la Señora de todos los Pueblos como “un verdadero problema”]: no se reconocen las apariciones ni los mensajes relacionados con ellas, pero se permite la veneración pública del título, la imagen y la oración de la Señora de todos los Pueblos (una oración que se modificó en 2006 en obediencia a Roma).

 

Al mismo tiempo, hay que recordar que la evolución positiva hacia el reconocimiento de esas supuestas apariciones estuvo determinada no sólo por una serie de frutos espirituales ligados a la devoción surgida en Amsterdam, sino por un hecho preciso ocurrido entretanto al otro lado del mundo, en Japón: el reconocimiento en 1984, por parte del obispo John Shojiro Ito, de la autenticidad de las apariciones marianas de Akita, donde -entre los diversos prodigios que se produjeron- hubo también una serie de lágrimas de una estatua de Nuestra Señora, realizada copiando el modelo de la imagen de la Señora de todos los Pueblos de Amsterdam. Y además un ángel recitó la oración de Amsterdam junto con la vidente de Akita, sor Agnes Sasagawa.

 

 

viernes, 18 de marzo de 2022

LA CONSAGRACIÓN

 


un gesto decisivo que también requiere nuestra penitencia


Luisella Scrosati


Brújula cotidiana, 18-03-2022

 

El anuncio de la consagración de Rusia y Ucrania es una noticia de importancia histórica, vinculada tanto a las apariciones en Ucrania de 1914 y 1987 como a la petición de la Virgen en Fátima. También es la reconocimiento del poder de Dios sobre las naciones y el mundo entero, que finalmente vuelve a poner a Dios en el centro de la vida del mundo. Pero no debemos olvidar que en Fátima la Virgen también pidió penitencia y reparación, porque la guerra es la consecuencia de nuestros pecados.

 

El anuncio de la consagración de Rusia y Ucrania por parte del Santo Padre el próximo 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, que el cardenal Krajewski realizará “paralelamente” en Fátima, debe considerarse una gran noticia, una noticia de importancia histórica. El Papa ha respondido así al llamamiento de los obispos ucranianos, que han acogido la iniciativa con gran alegría y esperanza. Monseñor Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica de Kiev-Halyč, ha explicado que los católicos ucranianos habían pedido este gesto ya en 2014, al comienzo de los graves enfrentamientos en Ucrania, peticiones que se han incrementado desde el pasado 24 de febrero.

 

La importancia del acto debe evaluarse desde varios puntos de vista. En primer lugar, del histórico. En 1037, el gran príncipe de la Rus de Kiev, Yaroslav I Vladimirovič, conocido como el Sabio, consagró su reino, que entonces incluía la actual Ucrania, Bielorrusia y parte de Rusia, a Nuestra Señora, reconocida como Reina de Ucrania. Novecientos años después, tres años antes de las apariciones de Fátima, la Reina de Ucrania había “vuelto” para advertir a su pueblo, apareciéndose en Hrushiv a veintidós personas que trabajaban en el campo y prediciendo el advenimiento del comunismo ateo en Rusia, las guerras mundiales y los grandes sufrimientos que el pueblo ucraniano padecería a causa de la Rusia comunista. El fin del sufrimiento se anunció de nuevo en Hrushiv, en 1987, a la niña de 12 años Maria Kyzyn.

 

La consagración de Rusia, sin embargo, se refiere explícitamente a la petición de la Virgen a los niños pastores de Fátima, una conexión que monseñor Shevchuk expresó claramente: “¡Estamos agradecidos al Santo Padre por haber accedido a la petición que la Virgen hizo durante la aparición del 13 de julio de 1917 en Fátima a sus hijos, para proteger a Ucrania y detener ‘los errores de Rusia que promueven las guerras y las persecuciones de la Iglesia’. De esta manera, hoy vemos cumplirse las palabras de la Virgen que dijo: ‘Los buenos serán martirizados, el Santo Padre sufrirá mucho, varias naciones serán aniquiladas’”.

 

La segunda razón de la importancia de este acto radica en que no podemos dejar de acoger con gran alegría y aprobación el hecho de que nuestros pastores, y unidos a ellos los fieles, reconozcan, al menos implícitamente, el poder soberano de Dios no sólo sobre los individuos, sino también sobre las naciones y el mundo entero. No podemos olvidar el asfixiante contexto cultural y eclesial que vivimos desde hace años. Un contexto que quiere que el mundo se cierre sobre sí mismo, que sigue reivindicando la autonomía de las realidades terrenales, relegando a Dios a la “espiritualidad” del hombre, o más bien del individuo, porque parece que Dios ya no tiene nada que ver con la vida de la sociedad y de las naciones. La consagración a la Virgen de dos naciones concretas –y Dios quiera que de los Estados Unidos y de Europa, que han hecho todo lo posible por atraer el azote de la guerra- rompe estos tabúes y vuelve a poner por fin a Dios en el centro de la vida del mundo y de la Iglesia, orienta las esperanzas de los hombres hacia donde deben dirigirse y hace que los hombres vuelvan a implorar la ayuda de lo alto. Oxígeno.

 

Si esta mirada finalmente elevada adquiere los contornos de una consagración a la Virgen –como se desprende claramente del comunicado del Director de la Oficina de Prensa del Vaticano, salvo cambios repentinos de última hora-, entonces la iniciativa adquiere mayor peso. Durante años, algunos teólogos se han escandalizado ante la mera mención de la consagración a la Virgen. Teólogos que susurran al oído de los obispos que no se puede hablar de consagrar, sino sólo de encomendar. Por el contrario, es fundamental tomar conciencia de cómo el Cielo quiere que el acto de consagración, es decir, el acto por el que se “transfiere” a alguien o algo del mundo profano al mundo sagrado, se dirija a María Santísima, como signo de pertenencia a Ella y a su linaje, en la lucha contra el dragón infernal.

 

Consagrar las naciones, en particular Rusia, tal y como pidió explícitamente la Virgen en Fátima, como remedio contra las calamidades que se abaten sobre la humanidad a causa de los pecados y abominaciones cometidos repetidamente, significa entregar estas naciones a la Virgen para que sean sustraídas al poder del maligno, que quiere utilizarlas para difundir la muerte, la mentira y la perdición por todas partes, y transferirlas al arca de la salvación, el Corazón Inmaculado de María. Por lo tanto, significa salvarlas y convertirlas en instrumentos de bien para todo el mundo.

 

Pero en Fátima la Virgen había pedido claramente, junto con la consagración, la comunión reparadora de los cinco primeros sábados y la penitencia. En particular, en el tercer secreto vemos que el ángel llama al mundo a la penitencia tres veces. Esto significa, en primer lugar, reconocer que la guerra y las calamidades son medios que Dios permite para castigar al mundo, y su fuerza son los pecados de los hombres. La Virgen utiliza precisamente el término “castigo”, aunque no guste. La verdadera causa del mal que nos aflige son nuestros pecados, nuestra continua desobediencia a Dios ignorando sus mandamientos, nuestra total falta de respeto y devoción hacia Él, el Bien Supremo.

 

Por eso, aunque esperamos la paz, también debemos tener mucho cuidado de no considerar la consagración a la Virgen como un acto mágico, por el que obtenemos lo que nos conviene. Sería desafiar a Dios pedir la paz y la prosperidad sin querer acabar con el pecado, sin querer abandonar una forma de vida, privada y pública, que ofende a Dios. La penitencia es absolutamente necesaria, así como la reparación.

 

La Providencia quiere que este acto se anuncie y se lleve a cabo en plena Cuaresma, un tiempo que se ha vaciado de aquellas prácticas penitenciales como el ayuno y la abstinencia de carne, ahora reducidas a su mínima expresión, que se ofrecían durante cuarenta días como pueblo de Dios, no sólo como iniciativas generosas de individuos. Quizá la mejor manera de secundar este acto de consagración sea vivir estos días de Cuaresma como Dios ha enseñado a su Iglesia desde hace siglos: abstinencia de carne (preferiblemente de todos los alimentos de origen animal) y ayuno, es decir, una sola comida al día, al atardecer (que se puede atemperar con una o dos comidas más ligeras). Prácticas que están en el corazón de la tradición de la Iglesia y que, quién sabe por qué, alguien ha decidido que ya no son relevantes.

viernes, 11 de febrero de 2022

LA NIÑA

 


que vio 18 veces a la Virgen de Lourdes y permanece incorrupta y los milagros que confirmó la ciencia


Gerardo Di Fazio


Infobae, 11 de Febrero de 2022

 

Todo sucedió a principios de 1858 en la gruta de Massabielle en Lourdes, Francia. Allí, a los pies de los Pirineos, y desde el 11 de febrero de ese año, una joven llamada María Bernardette Soubirous presenció dieciocho apariciones de la Virgen. Bernardette tenía 14 años y creció en el seno de una familia pobre y analfabeta. Un día estaba con su hermana y una amiga recogiendo leña y entonces una ráfaga de viento dio paso a la primera aparición de la Virgen María. La joven declaró que: “Vi a una Señora vestida de blanco: llevaba un vestido blanco, un velo también de color blanco, un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie”. La aparición siempre hablaba con Bernardette en patois, lengua occitana que se usa en la zona y la aparición siempre se dirigió a ella usando el “usted” (voi) por ejemplo como cuando le solicita a Bernardita: “Boulet aoue era gracia de bié aci penden quinze días” (”Me haría usted el favor de venir aquí durante quince días”).

 

El domingo 21, de luego de la sexta aparición por la tarde, el comisario Jacomet, convencido de que la historia es un montaje, interroga a Bernardette. En esta ocasión usa el término Aquerò, que en la lengua Patois lenguaje coloquial que se utilizaba en los Pirineos significa: “aquello, eso” para referirse a lo que ve. Hasta el 25 de marzo en el cual la Virgen revela su nombre, Bernardette nunca dijo que veía a la Virgen. En el textual de la trascripción de la indagatoria podemos leer: “Entonces, Bernardette, ¿vas todos los días a Massabielle?”. “Sí, señor”. “¿Y ves salgo bonito?”. “Sí, señor”. “¿Así que ves a la santa Virgen?”. “Yo no digo que he visto a la santa Virgen”. “Ah, bueno. Tú no has visto nada”. “Sí. Algo he visto”. “¿Qué has visto?”. “Algo que era blanco”. “¿Algo o alguien?». “Aquerò tiene la forma de una joven”. “¿Y no te ha dicho: soy la santa Virgen?”. “Aquerò no me lo ha dicho”.

 

El miércoles 24 de febrero en la octava aparición, Bernardette nos dirá: “Hoy Aquerò ha pronunciado una nueva palabra: ¡Penitencia! Añadió también: ‘Rogad a Dios por la conversión de los pecadores’. Y yo contesté: ‘Sí’. Me preguntó si esto me acarreaba molestias. Le dije que no. Luego me rogó que subiera de rodillas hacia el fondo de la gruta y que besara la tierra en señal de penitencia por los pecadores”. Y así. durante las demás apariciones, Bernardette se referirá a la misma como “Aquerò”.

 

Pero el jueves 25 de marzo, fiesta de la Anunciación de María, todo cambiará. Leemos el textual de Bernardette: “Señorita (le dice a la aparición), ¿tendría la bondad de decirme quien sois, por favor?”. Aquerò sigue sonriendo en silencio, pero Bernardette esta vez insiste. Entonces, levantando los ojos al cielo y juntando las manos a la altura del pecho le responde: “Que soy Immaculada Councepciou”” que traducido significa “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Y esa es la posición escultórica de la Virgen de Lourdes que se observan en todas las grutas del mundo. La posición que adopta en el momento que dice su nombre.

 

Otro dato de relevancia es que la Virgen se reía y sonreía a Bernardette. Este dato es muy interesante, porque para la mariología de la época la virgen era representada escultóricamente casi siempre con rosto adusto, mirando al cielo, o la Dolorosa. Que la Virgen sonriera no era muy bien visto por las autoridades eclesiásticas del momento, pero Bernardette defendió esta visión sonriente con gran vehemencia ante el clero. No obstante la representación iconográfica de la Virgen de Lourdes, prevaleció la postura clerical de gesto adusto. Aún ante el disgusto de Bernardette cuando le fue mostrada la primera escultura realizada sobre el modelo que ella describió, obra del escultor Joseph Hughes Fabisch.

 

Solo cuatro años después de la primera aparición, el 18 de Enero 1862, el obispo de Tarbes Monseñor Bertrand-Sévère Laurence firmó el decreto aprobando las apariciones: “Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, se ha aparecido realmente a Bernardette Soubirous, el 11 de febrero de 1858 y los días siguientes, hasta dieciocho veces, en la Gruta de Massabielle, cerca de la ciudad de Lourdes. Que esta aparición reviste todos los caracteres de la verdad, y que los fieles tienen fundamento para creerla como cierta. Humildemente sometemos nuestro juicio al Juicio del soberano pontífice, que está encargado del gobierno de la Iglesia universal”.

 

En centro focal de Lourdes es el manantial de agua que la Virgen hizo cavar a Bernardette. El 25 de febrero la virgen le dirá: “Vete a beber y a lavarte en la fuente”. Bernardette irá rápidamente hacia el rio Gave, que se ubica delante de la gruta de Massabielle, pero la aparición le señalará el piso de la gruta. La joven cavará con sus manos un pozo de donde, mas tarde, surgirá una vertiente de agua fresca y pura. El hecho fue considerado como un milagro y esa agua con dones especiales. Pero no es el agua, sino la fe del peregrino que deposita en la Virgen como mediadora para que Dios escuche su oración e interceda. La misma Bernardette dirá que las personas se curaban con la fe y las oraciones, y el agua es solo un símbolo de esa fe. Cabe aclarar que para la teología católica la Virgen “no hace milagros”; aunque de manera coloquial se dice que la virgen o un santo son “milagroso”, es solo una frase corriente, nada más. Es Dios quien puede realizar milagros por mediación de la Virgen o de algún santo o santa. El agua de Lourdes fluye de un manantial en la parte trasera de la gruta en el mismo lugar donde fue descubierta por Bernadette. Como máximo, el agua corre a 40 litros por minuto. Esta es recogida en una cisterna y se dispensa a través de un sistema de grifos cerca del santuario, donde los peregrinos pueden beberla o recogerla en botellas u otros recipientes para llevar consigo. El pozo original se puede ver dentro de la gruta, iluminado desde abajo y protegido por una pantalla de vidrio.

 

Las sanaciones corporales en Lourdes siguen ocurriendo. La Iglesia Católica decidió crear el departamento médico de Lourdes, constituido y dirigido por médicos y científicos. El objetivo del bureau, como también es llamado, es evaluar los supuestos casos milagrosos y verificar, entre otros criterios si la curación en cuestión fue casi instantánea, si la salud restablecida se mantuvo durante un breve lapso de tiempo o el resto de la vida y si la curación es científicamente inexplicable. El bureau está constituido por 20 médicos y científicos, muchos de ellos de la universidad de la Sorbona. Sus informes están abiertos a cualquier médico o científico que quiera hacer su propia investigación particular o estudiar cualquier caso específico reconocido como milagroso.

 

Uno de los casos más significativos registrados en Lourdes fue la curación de Marie Bailly, testimoniada por un médico entonces agnóstico y muy contrario a los fundamentos y doctrina de la Iglesia católica el Dr. Alexis Carrel. Él mismo terminó convirtiéndose a la fe católica después de estudiar la inexplicable curación que había presenciado sobre la mujer que padecía peritonitis tuberculosa aguda y su abdomen estaba considerablemente distendido, con grandes masas duras. A llegar a Lourdes, tres jarras de agua fueron derramadas sobre sobre el abdomen y tomo varios vasos de la misma. Su estómago empezó a aplanarse y su pulso volvió a la normalidad. Carrel estaba de pie detrás de Marie, junto con otros médicos, tomando notas mientras el agua era derramada sobre su abdomen. Él escribió: “El abdomen, enormemente distendido y muy duro, empezó a aplanarse. En 30 minutos [la protuberancia] había desaparecido completamente. No se observó ninguna descarga del cuerpo”. Carrel se convirtió al catolicismo y más tarde ganó el Premio Nobel de medicina. Retorno a Lourdes muchas veces y fue testigo de otro milagro: la curación instantánea de un niño ciego de 18 meses.

 

Dr. Luc Montagnier descubridor del virus VIH-SIDA, nos reseña sobre los hechos de Lourdes: “Muchos científicos cometen el error de rechazar lo que no entienden. No me gusta esa actitud. Con frecuencia cito la frase del astrofísico Carl Sagan: ‘La ausencia de prueba no es prueba de ausencia’ (…) En cuanto a los milagros de Lourdes que yo estudié, creo que realmente se trata de algo inexplicable (…) No logro entender esos milagros, pero reconozco que existen curaciones que no están previstas en el estado actual de la ciencia”.

 

Aunque los informes de “curaciones inexplicables” que suceden todos los años en el santuario mariano de Lourdes son miles, muy pocas son curaciones efectivamente milagrosas para la Iglesia, que adopta criterios rigurosos en su minuciosa evaluación científica de cada caso. Desde 1858 hasta la actualidad solo fueron declarados oficialmente “curaciones milagrosas” 70 casos. En 2013, se reconoció como milagro un hecho ocurrido en 1989. A una mujer llamada Danila Castelli se le diagnosticó un cáncer incurable que inundó de tumores todo su cuerpo. Sin embargo, fue rezar al santuario de Lourdes y de repente dijo sentirse aliviada. Su enfermedad había desaparecido por completo.

 

¿Qué fue de la vida de Bernadette? Luego de las apariciones se la acoge como interna en el hospicio de Lourdes dirigido por las hermanas de la caridad de Nevers, allí pasó 8 años. En agosto de 1864 solicita ser admitida en la congregación de las hermanas y así, el 3 de junio de 1866 abandona para siempre su pequeña ciudad y, sobre todo, se despedirá de la gruta. Nunca más volverá a ella. El 30 de octubre de 1867 Bernadette pronunció sus votos temporarios y finalmente los votos perpetuos. Ahí se transforma en Sor María Bernarda. Sufrió mucho en su vida un tumor en la rodilla y una tuberculosis pulmonar, iban erosionando su existencia y le causaban grandes dolores. Con solo 35 años fallecerá el 16 de abril de 1879 a las 15:15. Sus últimas palabras fueron: “La he visto otra vez... ¡Qué hermosa es! Madre, ruega por mí que soy pecadora”. Fue enterrada en la Capilla Saint Joseph, situada en el jardín del convento.

 

Su cuerpo fue sometido a tres exhumaciones en 1909, 1919 y 1925. Estas exhumaciones certificaron que sus restos se han mantenido relativamente intactos. La primera exhumación en 1909 se comprobó que el cuerpo había permanecido intacto, en los detalles de las uñas, el cabello y los dientes. Mientras que la fuerte humedad había hecho desaparecer los rastros de ropa y el Rosario, se la volvió a vestir y sepultar. La segunda exhumación en 1919, los médicos confirmaron la misma situación de diez años antes, con la diferencia de que el cuerpo ahora parecía más oscuro. La tercera exhumación tuvo lugar en la víspera de la beatificación de Bernardette en 1925. Esta vez, el cuerpo mostró claros signos de descomposición. La humedad había realizado su trabajo. En esta ocasión también se realizó una autopsia del cuerpo, que mostró que los órganos internos estaban en parte intactos, en particular el hígado. Dado que se autorizó que el cuerpo sea expuesto, se cubrió su rostro y manos con una capa de cera color natural, dando la apariencia que posee hoy. Se la vistió con el hábito y se la guardó en un precioso relicario en la capilla del convento de Saint Gildard, en Nevers, donde permanece hasta nuestros días, en la posición con la cual fue sepultada: la cabeza girada un poco hacia el hombre izquierdo y sus manos entrelazadas en forma de oración. El 8 de diciembre de 1933, durante el “año santo de la Redención y Jubileo extraordinario el papa Pío XI proclamó “santa” a Bernadette Soubirous. Hoy, con una población de aproximadamente 15.000 habitantes, Lourdes recibe la visita de unos 9.000.000 de peregrinos por año.

 

Los milagros y las gracias que se propagan a través de Lourdes, solo se mide por la fe. Para aquellos que la poseen todo es posible; para aquellos que no la tienen, todo es imposible y absurdo.

lunes, 9 de agosto de 2021

INÉS DE MONTEPULCIANO

 


una vida extraordinaria

Liana Marabini

Brújula cotidiana, 07-08-2021


Desde pequeña, Inés Segni sintió la belleza de la fe y la oración. Tenía grandes dotes místicos y taumatúrgicos. A la edad de 15 años se convirtió en abadesa, con una dispensa papal especial. Ayunó y se mortificó. Unió su grave enfermedad con los sufrimientos de Jesús y, al borde de la muerte, invitó a sus hermanas a regocijarse con ella.

 

La chica se voltea atareada entre los largos estantes de la despensa del monasterio. El escapulario de tela burda que lleva le da gracia a sus movimientos, a pesar de la simplicidad de la tela. La joven revisa los suministros y ordena mejor los cestos que contienen legumbres secas, trenzas de ajo y cebolla, ramos de velas atadas con hilo y tarros de aceitunas. Tiene sólo catorce años, pero la madre superiora confía tanto en ella que le confía el dispensario.

 

Reza suavemente y el canto de la oración suena como una melodía. De repente se detiene y se voltea: ha sentido una presencia. Cegada por la luz, cae de rodillas. Y la figura diáfana de la Virgen emerge del halo dorado. Sonríe y le habla a la joven con voz calmada. Le da tres piedras y le explica que antes de morir tendrá que construir un monasterio dedicado a ella, fundando el edificio sobre la Trinidad indivisible. La Virgen desaparece y la joven permanece postrada un buen rato, agarrando las tres piedras en la mano. Las mira y las mete en la bolsa de la limosna, atada a la cuerda larga que le rodea la cintura. A partir de ese momento su vida está trazada a la luz de esa aparición.

 

La joven es Inés Segni, nacida en una familia adinerada el 28 de enero de 1268 en Gracciano, un pequeño pueblo cerca de Montepulciano. Desde su nacimiento sucedieron cosas misteriosas a su alrededor, como una multitud de velas encendidas en el momento en que su madre Francesca la había dado a luz. Inés había sentido el encanto de la fe y la belleza de la oración desde edad temprana. Estaba extasiada frente a los íconos y le pidió a su madre que le enseñara las oraciones. A los nueve años visitó el monasterio de Montepulciano y las “Hermanas de Saco”, llamadas así por su hábito. Cuando regresó a casa, Inés le dijo a sus padres que quería convertirse en una de ellas. No objetaron, la pequeña ya tenía un carácter bien definido que intimidaba. La dejaron ir y encontró su lugar en el mundo desde muy pequeña.

 

La superiora, sor Margherita, la quiso de inmediato, la admiró ante la devoción de la pequeña. Pasado el tiempo necesario para la formación religiosa, la superiora le confió el dispensario. Y en ese lugar que ella cuidaba y ordenaba, custodiando las provisiones del monasterio, ocurrió el encuentro con la Virgen, que dictaría los acontecimientos de su vida. Pero eso no fue todo. La hermana Margherita había notado el poder de la joven de curar. Más de una vez, los enfermos que llegaron al monasterio habían salido curados, después de solo una señal de la cruz trazada en su cuerpo por la hermana Inés. La hermana Margherita entendió que esta joven era especial, que el Señor tenía planes con ella. Por eso la estimó y la protegió.

 

A la noticia de los prodigios que Dios obraba a través de Inés, los administradores del Castillo de Proceno, un pueblo cercano (en la actual provincia de Viterbo), pidieron a las monjas en 1283 que fundasen un monasterio. La tarea le fue confiada a la hermana Margherita, pero ella aceptó con la condición de que se le diera a Inés como compañera. Antes de entrar al pueblo, las dos monjas se detuvieron a descansar cerca de un tronco de árbol caído. Como se había acabado el agua del botellón, Inés empezó a cavar en la tierra con las manos y un chorro de agua fresca brotó de aquellos terrones de arcilla. Ese lugar más tarde se llamará Acquasanta. Entonces la joven monja llegó a Proceno, junto con la hermana superiora Margherita, para fundar el monasterio, en la parte más alta de la ciudad (conocida hoy como “Poggio di S. Agnese”). Los habitantes de Proceno estaban tan entusiasmados con las extraordinarias virtudes de Sor Inés que pidieron que fuera elegida superiora de su monasterio. Algo inédito, solo tenía quince años: fue necesaria la dispensación del Papa Martín IV (1210-1285), que en ese momento vivía en las cercanías de Orvieto.

 

El monasterio se desarrolló rápidamente y Inés fue un gran ejemplo para las monjas y las jóvenes que se reunieron a su alrededor. Practicaba una mortificación extraordinaria y era inexplicable cómo podía vivir alimentándose habitualmente sólo de pan y agua; los días festivos comía pasta aderezada con pan rallado (ver la receta que acompaña a este artículo). Dormía en el suelo, con una piedra debajo de la cabeza. En Proceno, Agnese puso en práctica varias veces el maravilloso don de los milagros que le había confiado el Señor: bastaba que se acercara a los poseídos y éstos eran liberados. En varias ocasiones multiplicó el pan y los enfermos graves recuperaron la salud.

 

Permaneció en Proceno durante 22 años. En ese momento, a pesar de poder dispensar curación a otros, ella estaba sufriendo y estaba enferma. En la primavera de 1306 la llamaron a Montepulciano, donde comenzó la construcción de una iglesia, como le había pedido la Virgen María en la visión que tuvo unos años antes. Y así fundó el monasterio de Santa María Novella (del que será abadesa) que se alimentará de la espiritualidad dominicana. (Esto explica la iconografía que retrata a Inés siempre con un vestido blanco y un manto negro).

 

Además de sus cualidades como sanadora, Inés demostró ser una extraordinaria pacificadora. Fueron numerosas las ocasiones en las que intervino en la ciudad para resolver disputas en las luchas entre familias nobles. Lamentablemente, la grave enfermedad que contrajo debido a las severas mortificaciones, los repetidos ayunos y la austeridad que le habían impuesto no le dieron tranquilidad y su estado empeoró. Estaba postrada en cama, su fuerza menguaba más y más cada día. En 1316 Inés, por sugerencia de su médico y ante la insistencia de sus hermanas, fue a Chianciano para ser tratada en el balneario. En el lugar donde estaba sumergida brotó un nuevo manantial de agua, era caliente y sulfuroso. Esa fuente tomará el nombre de “Bagni di S. Agnese”. Su presencia ayudó a los numerosos enfermos presentes en la localidad e Inés hizo numerosos milagros, pero los tratamientos termales no aportaron ningún beneficio a su enfermedad, que se agravó.

 

Ya al borde de la muerte, Inés animó a sus hermanas invitándolas a regocijarse porque había llegado el momento tan esperado de su encuentro con Dios. Y esto ocurre el 20 de abril de 1317. Ya que las hermanas y los frailes dominicos querían embalsamar el cuerpo de Inés en Génova, pero no hubo necesidad, porque de sus manos y pies goteó un líquido fragante que impregnó las telas que cubrían su cuerpo. Se recogieron algunas ampollas. El eco del milagro atrajo a numerosos enfermos que deseaban ser ungidos por el aceite milagroso. El cuerpo no fue enterrado, sino colocado en una urna de madera con cerradura que permitía abrirlo y mostrar a los fieles los restos mortales que permanecieron incorruptos durante mucho tiempo.

 

Como escribió el beato Raimondo da Capua en su Leyenda de 1366, su cuerpo aún estaba intacto, como si Inés acabara de morir, y hubo muchos milagros de curación que tuvieron lugar en la iglesia, que ya era conocida como la “Iglesia de Sant'Agnese”. Otra fuente autorizada, la Vida (1606) del padre Lorenzo Sordini Mariani testifica en este sentido. Las curaciones fueron milagrosas e instantáneas y ningún médico pudo explicarlas. También hay un registro público de estos milagros realizado por notarios a pocos meses de la muerte de la santa. Según la tradición, realizó otros milagros después de su muerte, incluido el de haber salvado a Montepulciano de la epidemia de cólera de 1855.

 

El origen de su enfermedad nunca se ha esclarecido. El culto a Santa Inés se extendió rápidamente gracias también al trabajo de los dominicos. Fue canonizada por Benedicto XIII (1649-1730) el 12 de mayo de 1726 en la iglesia romana de “Santa María sopra Minerva”. El ejemplo de fe y vida de Santa Inés es fuente de inspiración. Si bien para nuestros contemporáneos las mortificaciones físicas son difíciles de poner en práctica, al menos podemos vivir sin desperdicio, de una manera austera y sencilla: cualidades que refinan nuestra vida espiritual.