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viernes, 16 de septiembre de 2011

Documental sobre origen del hombre



Treinta expertos opinan sobre la evolución, la creación y la fe


Bajo los auspicios del Pontificio Consejo para la Cultura, y como parte del Proyecto STOQ (Science, Theology and the Ontological Quest), acaba de ver la luz la versión trilingüe, italiana, española e inglesa del DVD “El Origen del Hombre”.

Se trata de una serie de nueve documentales en torno a la evolución, la creación y la fe, elaborados con el asesoramiento de profesores de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y de otras universidades. Recogen opiniones de más de treinta científicos, entre ellos, los premios nobel Christian De Duve y Werner Arber. Algunos de ellos son creyentes, católicos, protestantes o judíos, y otros no.

Estos documentales, realizados por Goya Producciones, investigan el desarrollo del Universo desde el "Big Bang" hasta los primates, los homínidos, y el triunfo del "Homo Hapiens". Responden a las preguntas ¿cómo nació el universo? ¿surgimos por azar?, ¿hubo una inteligencia que guió la evolución?

El premio nobel Christian de Duve afirma que la teoría de que el mundo es eterno, inventada por Fred Hoyle, demostró ser falsa y tuvo razón su maestro Lemaitre al descubrir la teoría del "Big Bang", la explosión que dio origen al universo.

El profesor belga Michel Ghins cree que la teoría de "los universos múltiples" fue ideada para escapar a la hipótesis de que Dios creó nuestro mundo. Pero esto no es una escapatoria porque "es imaginable que Dios Todopoderoso crease esta profusión de múltiples universos".

Para el profesor italiano Evandro Agazzi, el azar no explica la existencia del mundo. Los que creen explicarlo todo a partir de alguna ciencia positiva caen en una "actitud reduccionista anticientífica".

El profesor de Boston Thomas Glick cree que estos fundamentalistas del materialismo se fabrican una especie de religión o metafísica, "pero nadie confunde esto con ciencia".

Para el profesor Arana, de la Universidad de Sevilla "nunca hubo oposición entre fe y razón. Pero siempre hubo oposición entre dos ‘fes': la fe cientista, por decirlo así, y la fe religiosa".

¿Es pues la Biblia compatible con la ciencia? El premio nobel suizo Werner Arber responde: "Yo puedo leer en el Génesis, al comienzo del Antiguo Testamento, que el mundo fue creado en varios periodos, y para mí, esos varios periodos son precisamente evolución".

En opinión del investigador holandés Cees Dekker "el método de la ciencia por sí mismo no es cristiano ni es ateo. Ciencia y religión no están en conflicto. Y la ciencia en sí misma encaja muy bien con la visión cristiana del mundo".

La serie "El Origen del Hombre", afirma la productora, "pone al desnudo una cierta explotación ideológica de la ciencia, y en particular del darwinismo. Darwin fue manipulado a favor del racismo, tanto por parte del marxismo como en la Alemania nazi y en Estados Unidos. La Iglesia católica, por su parte, no condenó a Darwin. La evolución podría haberse dado dentro de la creación".

Esta serie audiovisual, añade, expone "la inconsistencia de posiciones ateas como las de Stephen Hawking o Richard Dawkins en un extremo, y la de los fundamentalistas bíblicos y creacionistas en el otro". Concluye que “no es científico negar lo sobrenatural. La ciencia natural no capta lo que cae fuera de la esfera material".

Esta nueva versión del DVD ha contado con una ayuda de la John Templeton Foundation y de otros patrocinadores. En Italia la distribuye Diffusione San Paolo bajo el título “L’Origine dell’Uomo”.

ROMA, jueves 15 septiembre 2011 (ZENIT.org).-

jueves, 9 de julio de 2009

Diseño Inteligente

El principal teórico del “Diseño Inteligente”

Entrevista exclusiva de Elmanifiesto.com: Bill Dembski, el principal teórico del “Diseño Inteligente”, que desde el mundo de la ciencia ha ofrecido una alternativa al materialismo de las teorías neodarwinistas. Aunque en España nadie habla de estas cosas –por qué será-, estamos ante un debate fundamental que ha alterado las respuestas del mundo moderno a dos grandes cuestiones: ¿Quién hizo esto? ¿Cómo es que estamos aquí? La entrevista que presentamos fue realizada en junio pasado por Eduardo Arroyo, colaborador de elmanifiesto.com y por Mario A. López, presidente de Ciencia Alternativa (www.ciencia-alternativa.org).

E.A.: En pocas palabras, ¿qué dirías si tuvieras que explicar lo que es la inferencia de diseño a alguien muy torpe?
W. D.: La inferencia de diseño dice esencialmente que algunas coincidencias son demasiado poco probables como para atribuirlas al azar y por tanto deben atribuirse a una inteligencia diseñadora. Un ejemplo que empleo a menudo es el de la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Si se detecta una señal de radio del espacio exterior que proporciona una lista de números primos (números divisibles tan solo por sí mismos y por la unidad), podría ser naturalmente atribuida al diseño. ¿Por qué? Por dos razones: es compleja y por tanto no es fácilmente reproducible por azar; y corresponde además a un patrón identificable e independiente (en este caso un patrón tomado de las matemáticas). La inferencia de diseño explota esta coincidencia entre patrones independientes identificables y un suceso altamente improbable de otras maneras.

E. A.: Creyentes de la “tierra nueva”, creacionistas, diseño inteligente… ¿Es todo esto lo mismo? ¿Por qué no?
W. D.: El creacionismo es una doctrina religiosa acerca de un Dios creador que crea el mundo de la nada. Normalmente es también una doctrina acerca de la relación entre la ciencia y la religión, que afirma que una ciencia correcta debe armonizarse con una lectura particular de los primeros capítulos del Génesis. El creacionismo, por lo tanto, tiende a poner en consonancia religión y ciencia. El DI, por el contrario, busca señales de diseño en el mundo natural y, como tal, no se preocupa de la naturaleza última de la inteligencia. Muestra que existe una inteligencia detrás del mundo, pero no intenta conectar esa inteligencia con una doctrina religiosa en particular. Por esta razón, mis ideas han sido calurosamente recibidas por cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, budistas, etc.

E. A.: ¿Cual es la relación, si es que existe, entre la religión y el DI?
W. D.: El DI no es una doctrina religiosa pero señala a una inteligencia detrás del mundo. De este modo, es propicio a la religión en un modo en el que no lo es la teoría evolutiva, que siempre ha descansado en la idea de que las fuerzas naturales sin dirección comprensible pueden llevar a cabo todo lo creado. El DI muestra que la naturaleza, cuando se comprende en términos materialistas (es decir, como materia y energía gobernada por leyes inquebrantables de interacción) es fundamentalmente incompleta. Considero que el diseño inteligente está haciendo por la ciencia lo que la prueba de incompletitud de Goedel hizo por las matemáticas, es decir, demostrar que ni la naturaleza ni la realidad matemática es completa en sus propios términos.

E. A.: ¿Por qué cree que el DI ha despertado esos ataques vitriólicos, principalmente por parte de académicos que se supone deberían ser más mesurados en sus opiniones?
W. D.: El diseño inteligente amenaza no solo una de sus más queridas teorías científicas (el darwinismo) sino toda su visión del mundo materialista, que considera la ciencia como una justificación de la comprensión atea del mundo. Además, al reintroducir la teleología en la ciencia, el diseño inteligente amenaza con deshacer la comprensión mecanicista y reduccionista de la naturaleza que muchos científicos creen que es la única manera de hacer ciencia. Aunque la comprensión mecanicista de la ciencia pudo ser adecuada en los días de Newton, no lo es en la era de la información, en la cual la inteligencia es, en última instancia, la única fuente conocida de información.

E. A.: En Europa Occidental, el último libro de Richard Dawkins –La decepción de Dios- ha sido ampliamente alabado por la crítica. Mucha gente aquí cree que este libro es la respuesta de la izquierda europea al “creacionismo” del “fundamentalismo cristiano” en los EEUU. ¿Conoces las principales ideas del libro y qué tiene que decir el movimiento por el DI acerca de ellas?
W. D.: Dawkins es un materialista científico que busca que la ciencia se adapte a su ateísmo materialista. Sin embargo, el hecho es que la presente evidencia científica señala de manera creciente a una inteligencia diseñadora tras el mundo. Esto puede verse en el trabajo más reciente de Dawkins, que carece de ciencia efectiva pero abunda en invocaciones rituales a la ciencia como denuncia de la religión. Si Dawkins no se viera amenazado por el DI, dudo que fuera tan agresivo en su promoción del ateísmo.
M. L.: En medio de todas estas críticas y de la animosidad, vertidas por escrito contra su trabajo, ¿qué es lo que te empuja a continuar este ambicioso programa de investigación?
W. D.: El trabajo en sí es inmensamente satisfactorio e intelectualmente estimulante. Además, considero que los que buscan acallarlo son dogmáticos intolerantes encapsulados dentro de una tiranía que desprecio. En consecuencia me considero tanto como un científico investigador como un combatiente por la libertad, una rara combinación.
E. A.: El movimiento por el DI ha sido duramente atacado por académicos y periodistas. ¿Crees que sus críticas te han ayudado a mejorar tus propios puntos de vista o piensas que estos ataques son sólo puro fanatismo? ¿Hay alguna crítica constructiva realizada por algún enemigo del DI?
W. D.: Parte de esas críticas son mezquinas y muestran una enorme ignorancia del trabajo de la comunidad del DI. Pero otras críticas han mostrado su valor. En relación a mi propio trabajo, gente como Jeffrey Shallit, Wesley Elsberry y Ken Miller han argumentado que no puede inferirse diseño en los sistemas biológicos porque esos sistemas que mis colegas y yo atribuimos al diseño pueden ser en realidad explicados por procesos evolutivos darwinistas. Al plantear sus refutaciones, me han obligado a examinar más de cerca el poder de los procesos evolutivos, de ahí mi trabajo en la informática evolutiva. Al profundizar en sus afirmaciones, me encuentro con que los procesos evolutivos sin guía no tienen el poder creativo que mis críticos les confieren y que, de hecho, siempre requieren tanta información como proporcionan. No siempre me gusta el espíritu de mis críticos, que no solo consiste en refutar mis ideas sino en desacreditar mi legitimidad como especialista. Pero las críticas en sí han sido muy útiles para motivar, clarificar y extender mis ideas.
M. L.: Tus críticos (Wein, Perakh, Shallit, Elsberry, Wolpert y otros) no parecen satisfechos con su trabajo. Te acusan de ser en cierto modo esotérico y carente de rigor intelectual. ¿Qué tienes que decir de esta acusación?
W. D.: La mayoría de estos críticos responden a mi libro No free lunch. Como expliqué en el prefacio de este libro, el objeto es proporcionar suficientes detalles técnicos como para que los expertos queden satisfechos, pero también suficiente contenido como para que el lector general pueda comprender la esencia de mi proyecto. El libro parece haberlo conseguido con el lector general y con algunos expertos aunque principalmente con aquellos que tienen una buena disposición para con el DI. En cualquier caso, quedó claro tras la publicación del libro que necesitaba poner a punto algunos detalles matemáticos, cosa que he estado haciendo recientemente (véase mis artículos contenidos en Mathematical Foundations of Intelligent Design en www.designinference.com), y que han sido abordados en profundidad y en colaboración con mi amigo y colega Robert Marks en el Laboratorio de Informatica Evolutiva (www.evolutionaryinformatics.org).

M. L.: ¿Evitas cuestiones difíciles?
W. D.: Claro que no. Pero lleva tiempo contestar a las cuestiones difíciles y he sido paciente para hacerlo. Encuentro interesante que ahora que he respondido a las cuestiones críticas con pleno rigor matemático (véase http://web.ecs.baylor.edu/faculty/marks/eil/Publications.html) ellos guarden, extrañamente, silencio. Por ejemplo Jeff Shallit, cuando le informé acerca de mi trabajo sobre la conservación de la información, me dijo que se negaba a debatirlo porque yo no había respondido de manera adecuada sus anteriores objeciones, pese a que el trabajo sobre la conservación de la información del que le estaba informando era precisamente en respuesta a sus objeciones. Igualmente, he contactado con Wolpert. Pero una vez que empecé a completar los detalles matemáticos de mi trabajo, guardó silencio. Quizás el silencio más sorprendente sea el Thomas Schneider, cuyo artículo sobre la evolución de la información biológica en Nucleic Acids Research (2000) afirma refutar a mi colega Michael J. Behe. Cuando Robert Marks y yo demostramos recientemente que su programa evolutivo era equivalente a una red neuronal y que trabajaba peor que el puro azar, también guardó silencio aunque en el pasado había respondido dentro del mismo día en su propia página web a cualquiera de mis críticas. Me he encontrado con que los darwinistas tienen por costumbre permanecer inconmovibles ante los problemas de su teoría e ignorar el mejor criticismo que se le plantea.

E. A.: Una de las críticas más usuales al DI es que sus autores carecen del suficiente número de artículos revisados por pares en revistas científicas de nivel. Del mismo modo dicen sencillamente que “eso no es ciencia”. ¿Pueden refutarse estos dos prejuicios?
W. D.: El DI hace muchas afirmaciones comprobables y por tanto, científicas. Por ejemplo, afirma que ciertos tipos de cambios evolutivos están más allá del alcance de un mecanismo basado en el azar (como sucede con el mecanismo neodarwinista de selección natural que actúa sobre cambios genéticos aleatorios). Si alguien tiene que justificar que su teoría es científica es el darwinismo. Tomemos la explosión cámbrica, durante la cual se originaron los principales diseños corporales de los animales en un período de 5 a 10 millones de años hace 550 millones de años. No hay evidencia de que evolucionaran a partir de un ancestro común, y sin embargo los darwinistas persisten en decir que tienen uno.
En cuanto al tema de los artículos, hay que tener en cuenta algunas cosas: (1) Gran parte de los trabajos actuales de biología molecular son esencialmente ingeniería (es decir, genómica y proteómica) y por tanto deben ser concebidos con justicia como investigación en DI, pero a causa de la asfixiante influencia del darwinismo especulativo, este trabajo no puede situarse al abrigo del paraguas del DI. (2) En consecuencia el problema queda para los investigadores del diseño inteligente, que tienen que investigar cosas que no solo son compatibles o esperables de una hipótesis de diseño inteligente sino que tan solo lo vindican. Esto es difícil. Es un trabajo incipiente y hay ya artículos revisados por pares que han sido publicados o que están siendo revisados (vease por ejemplo lo trabajos en www.evolutionaryinformatics.org). (3) Hay un esfuerzo deliberado de las revistas por excluir cualquier cosa que apoye abiertamente el DI. El caso de Richard von Sternberg, cuya carrera ha sido casi arruinada por publicar un artículo de Stephen C. Meyer favorable al DI en Proceedings of the Biological Society of Washington es un buen ejemplo y demasiado conocido para repetirlo aquí ahora.

M. L.: Pese a ello, ¿existen importantes universidades que apoyen a los defensores del DI? Y si no ¿por qué?
W. D.: No diría que las universidades, como tal, apoyan el DI. Lo toleran si el personal facultativo que investiga sobre él tiene una plaza. Pero si no la tiene, la universidad se asegura de que no la consiga (la denegación de una plaza a Guillermo González en la Iowa State university es el último ejemplo). ¿Por qué esta oposición? Los darwinistas han tenido un éxito completo a la hora de demonizar a cualquiera que disienta de su visión materialista de la evolución. Esencialmente, han establecido un régimen estalinista sobre el academicismo occidental.

M. L.: Yo conozco el Instituto Biológico y el trabajo del Dr. Minnich. ¿Existen actualmente otros laboratorios trabajando en DI?
W. D.: El Laboratorio de Informática Evolutiva de Baylor (www.evolutionaryinformatics.org). Creo que se está organizando otro laboratorio sobre DI también en Baylor.

E. A.: La inferencia de diseño (The design inference, Cambridge University Press, 1998) es uno de los trabajos más valiosos del movimiento por el Diseño Inteligente (DI), un círculo compuesto principalmente de biólogos, paleontólogos e historiadores de la ciencia. También es quizás el único editado en una editorial de renombre. Sorprendentemente, este trabajo seminal procede de un matemático. ¿Puedes explicarnos como llegó un matemático a convertirse en un teórico del diseño?
W. D.: Mi especialización en matemáticas es la probabilidad y la estadística. Cuando terminé mis estudios de doctorado en la Universidad de Chicago, comenzó a interesarme el problema de la aleatoriedad –es decir, qué significa para una secuencia de números ser aleatorio. Mientras investigaba en la literatura acerca la aleatoriedad, me di cuenta de que ésta era siempre una noción provisional; algo era aleatorio sólo cuando no se había descubierto un patrón con el que vencer la aleatoriedad. Cuando seguí investigando esta idea, vi que se empleaba comúnmente un tipo de razonamiento estadístico gracias al cual los patrones que tenían probabilidad pequeña eran empleados no sólo para vencer el azar/aleatoriedad, sino para inferir diseño. Hasta hoy, considero las inferencias de diseño como una extensión natural de ciertas formas de inferencia estadística.

M. L.: Dr. Dembski, el DI ha recorrido un largo camino desde sus comienzos, y sus proponentes están alcanzando logros en un vasto rango de disciplinas como la astronomía, la biología y la química. ¿De qué manera ha contribuido o influenciado tu propio trabajo (principalmente The design inference y No Free Lunch) en el desarrollo de nuevos modos de hacer ciencia?
W. D.: Es demasiado pronto para decir cuál es el impacto de mis ideas en la ciencia. Con toda seguridad, se ha hablado mucho de mi trabajo y muchos científicos se muestran intrigados (aunque hay más que se muestran disgustados y quisieran destruirlos), pero hasta ahora sólo unos pocos científicos se han percatado de cómo asumir mis ideas y aplicarlas. Hay una razón para tan lentos comienzos. Mi trabajo en La inferencia de diseño era en esencia un trabajo sobre los fundamentos filosóficos de la teoría de las probabilidades, que intentaba comprender cómo interpretar las probabilidades en ciertos contextos. Naturalmente, esto conduce a algunas ideas acerca de la información y del tipo de información utilizado para obtener inferencias de diseño. Mi libro No free lunch (el título completo es No Free Lunch: Why Specified Complexity Cannot be Purchased Without Intelligence, Rowman and Littlefield Eds., 2002) era una revisión semi divulgativa acerca de adónde pienso que se dirige el movimiento por el DI en el tema de la información. El duro trabajo de desarrollar estas ideas para convertirlas en riguroso formalismo de teoría de la información, adecuado para hacer ciencia, comenzó realmente en 2005 con algunos artículos no publicados acerca de los fundamentos matemáticos del DI, que aparecieron en mi página web (www.designinference.com). Con la creación del Laboratorio de Informática Evolutiva de la Universidad de Baylor este mismo mes, y el trabajo llevado a cabo por mí y mi colega Robert Marks acerca de la conservación de la información (del cual algunos artículos están disponibles en www.evolutionaryinformatics.org), creo que el DI está finalmente en posición de desafiar ciertos supuestos fundamentales de las ciencias naturales acerca de la naturaleza y del origen de la información. Creo que esto tendrá un gran impacto en la ciencia.

E.A.: Eres un autor prolífico. ¿Consideras que tus libros son sólo diferentes perspectivas de una misma idea o, por el contrario, crees que tus ideas iniciales han cambiado substancialmente?
W.D. Hay tanto continuidad como desarrollo. He descubierto que no he debido retractarme de ninguna de mis ideas sobre la inferencia de diseño. Pero he tenido que refinarlas y eso ha llevado a nuevos interrogantes. Actualmente, mi interés se centra en gran parte en la informática evolutiva, que investiga la necesidad que tiene la evolución de utilizar la información existente si quiere lograr algo de interés. Últimamente, considero que la fuente de esta información es la inteligencia, pero por razones de indagación científica, es posible investigar los requerimientos de información de los procesos evolutivos en sus propios términos. Este trabajo acaba de empezar y puede consultarse en www.evolutionaryinformatics.org. En cualquier caso, me veo como una parte de una comunidad investigadora vibrante y dinámica que está alcanzando rápidamente perspectivas interesantes.

M. L. Se supone que tu trabajo monográfico, todavía incompleto, Mathematical Foundations of Inteligent Design es una explicación más completa y rigurosa acerca de cómo inferir diseño.
W. D.: Por ahora, este trabajo será publicado como artículos separados en colaboración con Robert Marks. Espero que finalmente seamos coautores de una monografía sobre este tema, aunque no podemos darle ese título debido al clima de hostilidad contra el DI. El énfasis puesto en este trabajo pasa desde la detección o la inferencia de diseño hasta la búsqueda de la información. Ambos son problemas relacionados ya que la información que posibilita la búsqueda exitosa puede conducir a inferir diseño.

M. L.: Ya has hecho mucho trabajo dentro del DI. ¿Tienes algo más en camino? Quizás otro modelo teórico para la inferencia de diseño…
W. D.: Creo que la informática evolutiva es el núcleo científico del DI y espero trabajar en este campo durante los próximos años. Además de este trabajo, en colaboración con la comunidad de matemáticos e ingenieros, conservo mi interés por la filosofía y la teología y tengo varios libros en marcha dentro de estas áreas. Mi primer doctorado fue en matemáticas y éstas me han dado un deseo de resolver problemas interesantes, cualesquiera que puedan ser y allá donde se encuentren. Una de las cosas que me da la convicción de que el DI va a alguna parte es que he descubierto que una investigación interesante conduce a otra y que hay más problemas de interés por resolver que años de los que dispongo para dedicarles. A pesar de toda la oposición con que me enfrento, especialmente el ostracismo de la ciencia oficial que puede resultar doloroso, no me cambiaría por ninguno.

M. L.: Ahora que tenemos métodos para inferir diseño (por ejemplo, el filtro explicativo y la complejidad irreducible de Behe), ¿se está haciendo algo acerca del modus operandi del diseñador, más allá del conjunto de teorías evolucionistas? Estoy pensando en algo en la línea de los términos de von Neumann, algo como los autómatas autorreplicativos o el incremento de la especificidad atómica al mismo tiempo. ¿Es esta una cuestión irrelevante? ¿Por qué?
W. D.: La implementación del diseño en los sistemas vivientes, especialmente en el origen de la vida, es una cuestión fascinante pero no estoy seguro de que la ciencia esté ahora en condiciones de responderla. Si la vida está ciertamente diseñada, representa una tecnología mucho más sofisticada que nada de lo concebido por los humanos. Puede llevar algún tiempo antes de que nuestra tecnología pueda determinar el modus operandi del diseñador. Sin embargo, la investigación en DI no necesita limitarse a esta cuestión. Gran parte de la expectación durante estos días está en los límites de la evolución, una vez dados ciertos tipos de fuentes de información. Esto es una cuestión interesante de por sí y no se puede prejuzgar qué teoría podrá salir triunfante, si el DI o el darwinismo.

M. L.: ¿Cree que estamos ante la aparición inminente de una teoría neo-saltacional en el marasmo de las ideas?
W. D.: No creo que la evidencia apoye un ancestro común universal, pero hay teóricos del diseño como Michael J. Behe que sí lo creen. Una teoría saltacionista de la diversificación de la vida es por consiguiente una opción basada en la teoría del diseño, pero no es la única opción y no espero que dentro del movimiento del DI una posición cobre ventaja sobre otra.

(El Manifiesto, setiembre de 2007)



miércoles, 4 de marzo de 2009

Evolución y fe son compatibles


Por José Antonio Sayés

El Génesis nos proporciona 4 verdades fundamentales: todo ha sido creado por Dios; el hombre posee una dignidad sagrada, en cuanto que fue creado a imagen y semejanza de Dios; la mujer es de la misma dignidad que el hombre, como nos muestra el símbolo de la costilla; hubo un pecado al inicio de la Historia con fatales consecuencias para la Humanidad…
El problema de la interpretación fundamentalista es que no es capaz de distinguir entre el contenido doctrinal y el ropaje literario. Pero entremos en el debate de la evolución. Según Darwin, la lucha por la vida tiene como consecuencia la supervivencia de los más fuertes. Hay una selección natural, según la cual se conservan y transmiten las variedades favorables. Pero Darwin no conocía la existencia del ADN, que no cambia nunca. A finales de 1930, se formula el neodarwinismo o Teoría sintética, el cual combina las mutaciones genéticas que surgen al azar con la selección natural.

En El azar y la necesidad, J. Monod pone este ejemplo: imaginemos que el señor Dubois trabaja en la reparación de un tejado y se le cae el martillo que mata al señor Dupont, que andaba por la acera. Estamos ante un acontecimiento totalmente imprevisible… Esto es lo que ocurre en el fenómeno de la evolución, dice Monod. Pero aquí Monod confunde imprevisibilidad con incausalidad. El que algo sea imprevisible no quiere decir que carezca de causa. La caída del martillo es imprevisible, pero tiene una causa: la inadvertencia del señor Dubois y la ley de la gravedad. Y es que no cabe entender el azar como ausencia de causa. Todo lo que ocurre tiene una causa.

Cuando el cardenal arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, escribió, en julio de 2005, en el New York Times, el artículo Finding Design in Nature, surgió un gran debate. Se le acusó de fundamentalista y de no aceptar la evolución, lo cual es falso. Su tesis es que el neodarwinismo, en la medida en que niega la existencia de una inteligencia ordenadora, se convierte en ideología, porque hace afirmaciones que van más allá del campo científico. La evolución no se puede explicar en sus últimas causas desde la ciencia, sino desde la filosofía.Cuestión de sentido común
Decíamos que no se puede entender la casualidad como ausencia de causa, pero dicho concepto se puede referir también al orden. Y el orden puede ser convencional u objetivo. Orden convencional, por ejemplo, es el orden alfabético y, efectivamente, si tiro al aire las 28 letras del alfabeto recortadas en cartón una después de otra, no se puede negar la posibilidad de que un día cayeran en orden. Pero no ocurre así con el orden objetivo, es decir, cuando elementos de suyo dispares están compenetrados de forma permanente para cumplir una finalidad compleja. Pensemos, por ejemplo, en el cerebro humano, cuyas células están combinadas de tal modo que componen un conjunto con una función de computadora. Si yo quiero acordarme ahora de mi pueblo, el cerebro me suministra en un segundo miles de fotos en color. No hay una computadora que funcione así, y, menos, una computadora hecha de agua como es el caso del cerebro en su 80%. Éste es un diseño inteligente que requiere una Inteligencia que lo explique, como también la catedral de Burgos requiere la existencia de un arquitecto.
He retado a más de uno a hacer una encuesta en Burgos sobre la posibilidad de que surja la catedral por casualidad y nadie ha aceptado. Pues bien, el cerebro humano es infinitamente superior a una catedral.
Por otra parte, no es preciso que Dios intervenga puntualmente en la aparición de cada especie. Basta con que potencie el ser que ha dado a las cosas para que, desde dentro, se desarrolle en una determinada dirección. Yo acepto el Big Bang, pero ¿cómo se puede explicar que una partícula comparable a una fracción de núcleo de átomo de hidrógeno representada por la unidad precedida de 48 ceros pueda tender por sí sola a la realización del proyecto hombre? Nada puede tender a un proyecto si no lo conoce.

Decía Crick, el descubridor de la estructura espacial del ADN, que un hombre honrado tendría que aceptar que el origen de la vida se debe a un milagro. Confesaba también Benedicto XVI, en Ratisbona, que, si la evolución no va acompañada de una razón creadora, no se puede explicar la aparición del orden de este mundo. En el fondo, se trata de una cuestión de sentido común. Hace poco hablaba con una muchacha que tenía unos ojos azules preciosos, en los que se adivinaba el fondo de su alma… Demasiada belleza para que surja por casualidad.

Santo Tomás Moro-Centro de Estudios, 2-3-09

domingo, 15 de febrero de 2009

El darwinismo es una teoría científica, no una ideología



Entrevista con el profesor Marc Leclerc S.J.

ROMA, jueves 12 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Este jueves se han cumplido doscientos años del nacimiento de Charles Darwin, científico y observador inglés, autor de la obra "El origen de las especies" y de la segunda teoría de la evolución.

Este aniversario ha motivado tanto a científicos como a teólogos a tener un diálogo abierto que permita conciliar la visión de fe con la ciencia, vistas muchas veces de manera errada como temas opuestos.

ZENIT ha conversado con el padre el padre Marc Leclerc S.J, profesor de filosofía de la naturaleza en la Pontifica Universidad Gregoriana y organizador del congreso "Evolución biológica, hechos y teorías" que se celebrará en Roma del 2 al 7 de marzo.

--Hablemos en primer lugar de la vida de Darwin, Su formación como teólogo en la Iglesia Anglicana, ¿influyó en sus teorías evolutivas?

--Padre Marc Leclerc: Darwin era esencialmente un gran biólogo. No era un filósofo ni un teólogo. Es verdad que tuvo al inicio una formación más teológica en la Iglesia Anglicana. Pero se distanció de la Iglesia por razones personales: principalmente la muerte de su hija, que le pareció una gran injusticia, contribuyó a alejarlo de la fe. Pero se puede decir que él era siempre respetuoso, además su esposa era muy creyente. Tuvo una evolución. Al final se estableció, como él mismo decía, en una actitud de agnosticismo abierto, que no tiene nada que ver con la posición de un ateo que se vale de esto en contra de la fe. Algunos de sus seguidores lamentablemente lo hicieron pero no él directamente. Él no incluyó nada de la fe en su teoría. No intervino ni en un sentido ni en otro. Es una teoría científica en cuanto tal, no tiene nada que ver con la existencia o la no existencia de Dios, porque estamos en un plano totalmente diverso.

--¿En qué consiste el peligro de que la teoría de la evolución de Darwin se convierta en una ideología?

--Padre Marc Leclerc: Esto se dio a causa de que, como decía, muchos seguidores no han tenido su misma prudencia y a veces han confundido los dos niveles (científico y teológico). Han convertido en ideología en particular dos elementos: el carácter aleatorio de la variación, que más tarde se llamó mutación, y el mecanismo de la selección natural, que son dos elementos de una teoría científica. No se puede hacer de ésta la clave de la interpretación de la realidad. Esto es pasar quizá sin ni siquiera tener en cuenta el nivel científico o a un nivel ideológico. De este modo, la ciencia cae en una falsa filosofía, o en una falsa teología, que se contrapone directamente a la explicación de la realidad. Esto es un abuso grave de la ciencia, a veces hecho por científicos, pero que salen completamente del campo científico. Los enemigos del darwinismo no deben caer en la misma trampa, la teoría científica merece todo nuestro respeto, pero debe ser discutida sólo a nivel científico.

--¿Cómo lograr una recta visión entre evolución y creación?

--Padre Marc Leclerc: Estoy convencido de que la mediación filosófica es aquí indispensable para evitar confusiones entre los diferentes niveles: una separación radical o una mezcla confusa, donde ya no se entiende nada. Es necesario articular racionalmente niveles que son distintos. Por ello es indispensable una mediación filosófica.

--¿Corresponde a una visión cristiana decir que el hombre es el resultado de la evolución del mono? Si es así, ¿en qué momento fue creada el alma humana?

--Padre Marc Leclerc: Somos diferentes del chimpancé. Ellos son nuestros primos, no nuestros antepasados. El punto está en que biológicamente tenemos antepasados comunes por eso son primos en el plano biológico. Pero han tenido una historia diferente a la nuestra. Alguno dirá que el nacimiento del alma comienza con el Homo Sapiens, otro dirá que comienza mucho antes, con el Homo Erectus, otro dirá que comienza antes con el Homo Habilis. Tenemos varios indicios, pero ninguna prueba es formal. Los indicios que podemos tener corresponden al carácter simbólico del pensamiento, al lenguaje articulado y simbólico universalmente abierto a la posibilidad de relacionarse con otro en modo libre y con Dios, en elementos como la aparición del arte y del elemento religioso. No puedo decir cuándo ha aparecido el alma humana, lo que sabemos es que la humanidad es hoy una única especie del hombre moderno Sapiens Sapiens. En ella, cada uno de nosotros está creado por el alma de Dios, con un alma singular. ¿Cuándo comenzó? Entre otros tenemos un dato importante: parece que la evolución biológica haya quedado propiamente culminada con el Homo Sapiens. Pero ya antes de la aparición del Homo Sapiens comienza la revolución cultural, propia del hombre.

--¿El Génesis debe considerarse como una teoría sobre la creación del mundo o una teoría teológica que quiere explicar la creación del hombre y de su libertad?

--Padre Marc Leclerc: Recuerdo lo que decía Galileo: La Biblia no nos enseña cómo funciona el cielo sino cómo se va al cielo. El Génesis te dice cómo el hombre ha sido creado en el pensamiento de Dios y cómo se va a Dios y cómo se ha alejado de Dios. No nos dice científicamente el porqué. A partir de esta concepción entiende decirnos cuál es el proyecto de Dios sobre el hombre y cómo el hombre debe adaptarse a este proyecto.

--El hombre, ¿señor de la creación o una especie animal más evolucionada?

--Padre Marc Leclerc: A nivel sencillamente fenomenológico el hombre es el único que puede interactuar con su ambiente, cambiando el ambiente, según sus deseos, y no está obligado a adaptarse a los cambios externos del ambiente. Un ejemplo: el hombre ha producido el libro del Origen de las especies, hace 150 años. No se ha visto nunca que un animal reflexione sobre el origen de los seres vivientes.

Por Carmen Elena Villa

http://www.zenit.org/article-30173?l=spanish



viernes, 6 de febrero de 2009

Las mentiras darwinianas

Dr. Raúl Leguizamón
La antropología, aunque cueste creerlo, es el estudio del hombre. Valga la aclaración, ya que si uno hojea cualquier libro de antropología física (es decir, origen del hombre), todo lo que va a encontrar son ilustraciones de monos. Monos comiendo, monos durmiendo, monos amamantando, monos… etc. Y esto es así, porque desde que apareció la hipótesis darwinista —que habría transformado al mundo científico en la ciudadela de la estupidez y la ceguera, si hemos de tomar en serio lo que decía Bernard Shaw—, la antropología dejó de ser la ciencia del estudio del hombre para convertirse en la pseudociencia del estudio del origen del hombre a partir de los antropoides, esto es, de los grandes monos (chimpancé, gorila, orangután), que serían —de acuerdo a la hipótesis darwinista— nuestros parientes más próximos.
Nuestros parientes y nuestros antepasados. ¿Nuestros antepasados? Sí señor. Pero acaso ¿no es que descendemos de un “antecesor común” que habría dado origen a los monos y al hombre? Efectivamente. Pero este sedicente “antecesor común” —de acuerdo a la hipótesis darwinista— no es ni puede ser otra cosa que un mono. No necesariamente idéntico a los monos actuales pero mono al fin. “El antecesor común sería llamado ciertamente mono por cualquiera que lo viese”, afirmaba el ilustre paleontólogo de la Universidad de Harvard, George G. Simpson. “Es pusilánime si no deshonesto decir otra cosa”, agregaba Simpson.
El que habla del supuesto “antecesor común” como de algo que no fuera un mono, o no sabe lo que dice (lo más frecuente, desde luego) o no dice lo que sabe. Ahora bien: un mono, parece que no puede transformarse directamente en un hombre. Usted toma un mono, por ejemplo, lo baña, lo afeita, lo viste a la moda, le enseña todos los vicios, lo envía a la Sorbona, pero no hay caso. El mono —con admirable sentido de la prudencia— no quiere saber nada de hacerse hombre. Para que esto ocurra, el mono debe ser transformado “de prepo” —por el medio ambiente— en “homínido”. Esto es, un ser intermedio entre el mono y el hombre, que ya no existe, según dicen, pero que en un tiempo, allá hace muchos años, parece que sí.
El susodicho “homínido”, luego de engendrar al hombre, habría desaparecido. Nadie tiene la más remota idea de por qué. Pero mucho me temo que lo habría hecho para no cargar con la tremenda responsabilidad de haber engendrado algo tan peligroso e inadaptado como lo que supuestamente engendró. La oveja negra de la familia, verdaderamente.
Sólo sabemos de su existencia a través de sus restos fósiles. ¿Quiere decir entonces que se han encontrado verdaderos fósiles de homínidos? ¿Que sí se han encontrado fósiles de homínidos? ¡Miles, lector! Todas las semanas se encuentra uno. Quizás esta afirmación resulte un tanto sorprendente, ya que lo que habitualmente se lee o se escucha en este tema, es que los fósiles de homínidos constituyen un material “sumamente escaso”; que “apenas cubriría una mesa de billar”; que “cabría todo dentro de un cofre”, y que patatín y que patatán. Lo que sucede es que en este tema también existe doble discurso (propiedad no exclusiva de políticos).
Cuando algunos antropólogos hablan de que los fósiles de homínidos serían sumamente escasos, lo que en realidad quieren decir es que son sumamente escasos los fósiles de homínidos que encajan en la tesis evolucionista. Pero que los restos fósiles de “homínidos” sean, en sí mismos, “sumamente escasos”, es totalmente falso.
Se calcula en aproximadamente 6.000 (!) la cantidad de “homínidos” descubiertos a la fecha.[1] Lo que sucede es que luego de una rigurosa selección —y no precisamente “natural”— algunos de estos restos —previo intenso “maquillaje” y adecuada manipulación de los datos cronológicos— pueden ser encajados en el esquema evolucionista. Y éstos son los que se publicitan. Con bombos y platillos. Los otros, los que no encajan, son sepultados en una impenetrable tumba de silencio. En otras palabras: muchos son los hallados y pocos los escogidos…
Es cierto que después de un análisis más o menos riguroso de cualquiera de estos homínidos “respetables” se comprueba, indefectiblemente, que en realidad se trataba de un mono (la inmensa mayoría), o de un hombre, o de un blooper o de un fraude. Claro que a veces pasan décadas antes de que esto suceda (100 años en el caso del Hombre de Neanderthal; 40 en el fraude de Piltdown), y mientras tanto su descubridor ha adquirido fama, posición académica, fondos de la National Geographic, etc. Su futuro está asegurado, y el origen simiesco del hombre “demostrado”.
Además, los resultados del estudio sistemático de los supuestos homínidos —a cargo de antropólogos serios— no son generalmente publicitados; aparecen varios años después del hallazgo (y ya nadie se acuerda) y, de todas maneras, seguramente mientras tanto ya habrá sido encontrado otro homínido, también “respetable”, para distraer la atención de la gente y seguir aportando elementos apologéticos en defensa de la fe darwinista.
Dije arriba que un homínido era un ser “intermedio” entre el mono y el hombre. Me rectifico. Al menos desde el punto de vista del marketing, o de la propaganda ideológica si Ud. prefiere, un “homínido” es cualquier cosa que un antropólogo audaz bautice como tal. Tanto da que sea un Homo sapiens (como el de Neanderthal), un mono (como el Ramapiteco o Lucy), el cráneo de un borrico (el “Hombre” de Orce[2]), el fémur de un cocodrilo[3] o la costilla de un delfín.[4]
Quizás uno de los ejemplos más rotundos de los estragos que suele ocasionar la hipótesis darwinista en el cerebro de los Homo sapiens, sea el famoso “Hombre de Nebraska”, creado en 1922 en base a una muela (!) En base a esta “evidencia” se creó este tipo “humano” (hábitos laborales, matrimoniales e indumentaria incluidos) para luego descubrirse (cinco años más tarde), que la muela en cuestión pertenecía en realidad a un pecarí extinguido. No se asombre demasiado el lector. En los 40 años que transcurrieron antes que se demostrara el carácter fraudulento del “Hombre de Piltdown”, se dice que se escribieron unas 500 sesudas tesis doctorales sobre este “homínido”.
Y estas cosas suceden porque el estudio de los supuestos antepasados fósiles del hombre no es ciencia. Es sólo la búsqueda ferviente de “pruebas” para demostrar la hipótesis —previamente aceptada— del origen simiesco del hombre. Esto es, primero se acepta —por razones filosóficas— la hipótesis. Y luego se buscan los fósiles necesarios para “demostrarla”. Y ya sabemos que el que busca, encuentra. O fabrica. Por cierto que todo esto es sumamente divertido y ocasión por demás propicia para ocupar las horas de ocio y también para olvidar las penas de este valle de lágrimas. A condición, insisto, de no confundirlo con ciencia. Porque esto no es ciencia. Es chapuza.

Notas:
1. “Catalogue of Fossil Hominids”, K. Oakley, B. Campbell y T. Molleson. Publicado por el Museo Británico en 1976.
2. UPI Press release, 14 de mayo de 1984.
3. W. Herbert, “Science News”, volumen 123, pág. 246, del año 1984.
4. Ibidem.
[Publicado en Revista Cabildo]

viernes, 30 de enero de 2009

La "evolución" del hombre. Creacionistas vs. Evolucionistas


Desde que Charles Darwin publicó “El origen de las especies”en 1859 o más concretamente desde que escribió “El origen del hombre” en 1871 ha habido un continuo debate entre los evolucionistas —aquellos que aceptaron las teorías de Darwin— y los creacionistas -aquellos que las rechazaron y consideran que Dios creó la vida y al hombre-.

Por José Vicente Ferrer

Hay que destacar varios puntos para centrar el debate: primero, el propio Darwin encontró incongruencias en su teoría al intentar argumentar el origen de la vida. Segundo, en “El origen de las especias” nunca se habló de evolución, ni tampoco del origen del hombre. Tercero y más importante, la teoría de Charles Darwin que intenta explicar la diversidad de especies debido a las adaptaciones que éstas han tenido que hacer a lo largo de miles de años para luchar por la supervivencia, es simplemente eso, una teoría.

¿Qué es una teoría?

Una teoría es un modelo matemático, físico, filosófico etc. que intenta explicar una realidad. El modelo es tanto mejor cuanto con más acierto se ciñe y se adapta a esa realidad. La teoría deja de servir tan pronto se demuestre que hay partes de esa realidad que no explica (a diferencia de las leyes en física que se cumplen siempre, como por ejemplo la primera ley de la termodinámica, un, dos, tres responda otra vez). Así tenemos la teoría atómica de Thompson que dejó de ser útil cuando Rutherford explicó la suya y ésta a su vez dio paso a la de Bohr y así sucesivamente. Hace unos decenios se vio que las teorías de la mecánica clásica de Newton se vieron sobrepasadas por la teoría de la relatividad de Einstein ya que ésta explicaba más y mejor ciertos aspectos de la física cuando se jugaban con velocidades próximas a la de la luz. Pero volvamos al tema que nos ocupa.

Como suele ocurrir, los más profanos en ciencias, vieron en Darwin “la solución definitiva” para explicar y rebatir siglos de mentiras y de oscuridad a la que la religión cristiana llevó a la civilización al admitir que el origen de la vida está simplemente en la voluntad de Dios. Darwin, un clérigo al que de nada conocían -ni conocen-, y que se arrepintió al final de sus días de mucho de lo que dejó escrito, les había “salvado” con su teoría, que no dudaron en “creer” y en admitir a pies juntillas.

No hay que olvidar señores, que todo es una cuestión de fe, de creencias. Lo que nos diferencia simplemente es en aquello en lo que creemos. Incluso los ateos “creen que no hay Dios”. Desde el punto de vista de la razón es tan válido creer en Darwin y en su teoría (posteriormente modificada por unos cuantos) que creer que Dios es el Señor y Dueño de todo lo creado. Hasta hace poco la comunidad cientifica nos hizo creer que Plutón era un planeta, ahora nos quiere hacer ver lo contrario. La gente cree (entre los que me incluyo) que los puntitos luminosos del cielo son estrellas que están a millones de años luz de distancia. Creemos que existen los electrones y neutrones con una fe sobre la que nos jugaríamos la vida si hiciese falta, sólo porque una panda de científicos nos han dicho que están ahí, que no se ven pero que nos juran por snoopy que están ahí. Amén.

Pues bien, yo no me creo la teoría de la evolución de Darwin. Admito que fue audaz en su análisis, ver diferencias en el pico de una misma familia de aves en las diferentes islas de las Galápagos y urdir semejante teoría tiene mucho mérito. Sin embargo, yo creo que Dios además de todas las cosas, creó vida, y creó al hombre -y a la mujer no se me vaya a enfadar la Ministra de Igualdad- a su imagen y semejanza. Échense las manos a la cabeza.

A su teoría le encuentro dos fallos principales. Admitamos que los pececillos devinieron con el paso de los milenios en reptiles, y estos salieron a la superficie y unos ponían huevos y otros salieron mamíferos y de allí la de mi madre…

Pero que me expliquen por favor y si no es mucho pedir, de donde salió la primera célula. De qué evolución?. Toda célula está formada por átomos. Átomos de hidrógeno, oxígeno, carbono, auna pizca de hierro, una puntita de azufre, una miajita de nitrógeno, un espolvoreo de magnesio… átomos formados por electrones, neutrones y protones. Átomos que no tienen vida, muertos, inertes. Pues bien, excelentísimos nóbeles de física y química. Cómo unos miles de millones de átomos inertes se ponen de acuerdo para formar una célula? Por virtud de qué se asocian en complot para luego reproducirse en más células?

Los científicos han concluido científicamente en simposium científico -valga la estupidez- lo siguiente: En aquella época, hace cientos de millones de años cuando la tierra acababa de formarse y existían unas temperaturas y presiones enormes en una atmósfera alcalina y en medio húmedo y lodoso por la acción de uno o varios rayos que cayeron en el lugar y momento oportunos… se formó la primera célula. Colorín colorado este cuento se ha acabado. Qué os parece? ingenioso ehh? Los hermanos Grimm contaban peor los cuentos.

El otro gran error de la teoría de Darwin es el origen del hombre. Dicen que provenimos de los simios. Que tenemos el 98% del genoma idéntico a los chimpancés. Lo que no dicen es que tenemos el 95% del genema idéntico a una lombriz y que nuestros órganos, corazón, hígado etc. son más parecidos y más compatibles a los del cerdo que a los de los monos. Por otra parte el mamífero más inteligente después del ser humano es el delfín. Así que padrastros podríamos tener muchos. Dónde está el eslabón perdido?

Se parece más un horangután a un jabalí que un ser humano a un horangután. Es que no se dan cuenta que el sentido del arte, de lo espiritual, de lo trascendental, sentimientos como el amor o el odio no es algo que pueda provenir de la evolución? Los seres humanos somos otra dimensión en la escala de la vida. Por establecer una analogía curiosa: las plantas estarían en una dimensión, los animales en dos y nosotros seríamos 3D.

Por qué se dice que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios? el hombre tiene dos naturalezas: la animal que sería la carne que nos conforma y la espiritual que nos viene del alma y está infundida en cada uno de nosotros, única y propia. Es esta naturaleza espiritual que nos viene del alma la que nos asemeja al que nos creó.

Al valiente lector que haya llegado hasta aquí, de premio le aguarda mi propia teoría. Mi teoría es que al hombre y a la mujer los creó Dios (hasta aquí nada nuevo bajo el sol) sobre el 13.000 a.C. Toma ya! Los hechos son los siguientes:

1. Hace 2,5 millones de años el homínido de turno llamado Homo habilis descubrió como hacer lascas delagadas y afiladas para cortar.
2. Hace 1,7 millones de años aparece el Homo erectus y con él las hachas de mano simétricas, llamadas achelenses
3. Hace 1,4 millones de años se descubre el fuego
4. Hace 500.000 años aparece la primera lanza y el Homo sapiens arcaico
5. Hace 70.000 años tanto los neardentales como los sapiens (dos razas de homínidos que coexistían en aquella época) enterraban, en ocasiones, a sus muertos
6. Hace 40.000 se realizaron las pinturas rupestres

Esta es muy esquemáticamente la “evolución” de hombre. Como se puede observar, se tardó 2.000.000 años en manipular lo suficiente una piedra como para construir una lanza, y medio millón de años más, que se dice pronto, para pintar unos bisontes en unas cuevas.

Y ahora vean que cambio, que salto cualitativo se produce entre el 12.000 y el 15.000 a.C, en ese momento aparece el primer lenguaje —el nostrático—, la primera civilización —la mesopotámica—, la primera ciudad —Ur, Uruk…— la primera escritura —la cuneiforme—, la primera arquitectura monumental —los zigurats— la domesticación de plantas y animales, se inventaron las bibliotecas, los mapas, nació la química, la botánica y la zoología, el comercio, hubo una revolución religiosa, por primera vez aparece una relación de subordinación nueva entre Dios y el hombre, la poesía, la escuela etc.etc.

Dónde queda la evolución? De qué evolución se puede hablar si en 2 millones de años se aprende a hacer de una piedra un cuchillo y en una infinitésima parte de eso, de repente aparece todo lo que conocemos y nos ha llegado hasta ahora? y es más… En qué nos diferenciamos los hombres del siglo XXI de los Abraham, Nabucodonosor y compañia que vivieron hace 10.000 años? qué evolución hemos sufrido en estos ultimos 10.000 años? yo os lo digo, ninguna.

Ninguna. Ahora no somos ni más listos, ni más capaces, ni más fuertes, ni más buenos, ni más artísticos, ni más hipócritas, ni más mentirosos, ni más altos, ni más nada de lo que era el hombre desde el primer momento en que apareció. Desde el momento en que Dios nos creó.

“Santo Tomás Moro”
Centro de Estudios Políticos y Sociales