martes, 12 de junio de 2018

EL YOGA ES INCOMPATIBLE CON EL CRISTIANISMO




Aica, 12 Jun 2018

La práctica del yoga es incompatible con la doctrina cristiana, afirma un documento firmado por todos los obispos católicos de rito siromalabar, uno de los tres ritos católicos de la Conferencia Episcopal de la India (CBCI).

Publicado en el último boletín de la eparquía de Mananthavady, el texto de la Comisión sobre la doctrina sostiene que el yoga y el cristianismo no pueden convivir, y que las organizaciones nacionalistas hindúes del Sangh Parivar “buscan sacar provecho del yoga para lograr sus objetivos políticos y sectarios”.

El documento se titula “Yogayum Katholika Vishvasavum”, es decir, “El yoga y el credo católico”. En el texto, la Comisión reafirma que “se ha intensificado la necesidad de hacer una relectura del yoga, en particular tras la decisión del gobierno de convertir [su enseñanza] obligatoria en las escuelas, y de presentarlo como una parte inseparable de la cultura india”.

El yoga, obligatorio en las escuelas indias
Según informa la agencia AsiaNews, no es la primera vez que los obispos de rito oriental intervienen en este tema. El año pasado ya afirmaron que “el yoga no es un medio para alcanzar el contacto con lo divino, aun cuando pueda contribuir a la salud física y mental”.

El yoga es una práctica de relajación mental y física nacida en la India y difundida en todo el mundo, en el que se combinan ejercicios físicos y técnicas de respiración. Según la religión hindú, también constituye un camino de búsqueda espiritual a través del cual se experimenta el contacto con lo divino.

En la India su enseñanza es obligatoria en las escuelas y todos los años, en la Jornada Internacional del Yoga (que se celebra el 21 de junio), todo el sistema educativo se paraliza para brindar un espacio a los programas, actos e iniciativas dedicados a esta disciplina.

Un fin en sí mismo
Hace tiempo que activistas e intelectuales indios afirman que la obligación de observar la fiesta en las escuelas, obligando a los alumnos a cantar sonetos y mantras hindúes, limita la libertad de culto de las minorías y representa una falta de “sensibilidad” hacia los alumnos cristianos y musulmanes.

La Comisión, presidida por monseñor Joseph Kallarangatt, observa que “en el yoga no hay lugar para Dios cuando se toman en consideración las experiencias espirituales de los seres humanos. Si bien el yoga nació y creció en las tradiciones laicas de la India, luego éste adoptó tonos de la religión hindú, con el predominio de la casta de los brahmanes”.

La nota también advierte sobre el riesgo de que “los ejercicios físicos se conviertan en idolatría, pasando a ser un fin en sí mismos” y de la tendencia a “equiparar la experiencia física que deriva del yoga con la obra del Espíritu Santo”.

La Iglesia católica siromalabar
La Iglesia católica siromalabar o Iglesia siromalabar es una de las 24 Iglesias “sui iuris” integrantes de la Iglesia católica. Es una Iglesia oriental católica que sigue la tradición litúrgica caldea (o siria oriental) en la que utiliza como lenguajes litúrgicos el siríaco oriental, malayalam e inglés. Está organizada como Iglesia arzobispal mayor de acuerdo a la forma prescripta por el título 5 del Código de los cánones de las Iglesias orientales, bajo supervisión de la Congregación para las Iglesias Orientales. Está presidida por el arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly, cuya sede curial se encuentra en Cochín en el estado de Kerala en la India.

Es la segunda Iglesia católica oriental por número de fieles -unos 3.700.000- y la mayor comunidad de los cristianos de Santo Tomás en la India.

jueves, 12 de abril de 2018

GAUDETE ET EXSULTATE


 (Casi) Todo está bien, menos la fecha

Carlos Esteban
Infovaticana, 12 abril, 2018

Al lector de la exhortación apostólica le da a veces la sensación de que todo (o casi todo) es perfectamente correcto y adecuado en la exhortación salvo la fecha. Es un texto ideal, quizá, para la Ginebra gobernada por Calvino o, incluso, tal vez para los católicos españoles de los años cuarenta.

El ser humano está de siempre hambriento de prodigios y maravillas, de lo extraordinario, de lo que supera las leyes del universo que conoce, de ahí que abunden y triunfen las películas de superhéroes. De ahí, también, que la palabra ‘profeta’ haya llegado a designar casi exclusivamente a la persona que adivina el futuro.

Pero no es así como se concebía al profeta en el Antiguo Testamento. Los avisos de calamidades por venir -no siempre cumplidas, como el caso de Jonás en Nínive- son una parte no esencial de su misión; lo esencial en el profeta era y es recordar al mundo, no cualquier verdad, sino aquellas verdades que no quiere escuchar.
Esa es una de las misiones esenciales de la Iglesia frente al mundo: ser profética. Sí, enseñar todas las verdades reveladas, naturalmente; pero poner un énfasis especial en las más olvidadas, despreciadas o negadas por el mundo e incluso por los propios fieles. Uno no va con la manguera a luchar contra una inundación, con la excusa de que los incendios son igualmente destructivos.

Esa es, en pocas palabras, la causa de mi perplejidad tras la lectura de la reciente exhortación papal sobre la santidad en el mundo moderno, Gaudete et exultate, y el núcleo de todas mis objeciones al texto.
La carta es 100% Francisco, en lo mucho bueno y en lo malo. Es sencilla y directa, es conmovedoramente cercana, es práctica, llena tan pronto de citas de grandes santos como de ilustraciones concretas para vivir la santidad en medio del mundo.

Siendo lego en teología y no teniendo intención alguna de leer al Santo Padre con la escopeta cargada, doy por buena la doctrina que contiene, aunque algún comentario me haya podido hacer levantar la ceja (¿Cristo no sabía distinguir la epilepsia de la posesión diabólica?). En cualquier caso, no es lo que me ha dejado más insatisfecho con el documento.
No, lo que echo en falta es aquello de lo que hablo al principio: profecía, en el sentido veterotestamentario, original, del término. Da la sensación de estar dando gran lanzada a moro, si no muerto, agonizante, y de atacar vicios que, si bien lo son, no puede decirse seriamente que abunden o siquiera que el mundo actual los tenga por buenos o tentadores.

Por ejemplo, se lee en la exhortación: “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión”.
Ahora, ¿hay alguien que pueda pensar que el silencio y la vida retirada -no digamos, contemplativa- son tentaciones que abunden y causen estragos en el mundo moderno, incluso entre los propios fieles?
Se diría que más bien al contrario, que si contra algo hay que prevenir es contra el aturdamiento del ruido y de la huida de esos espacios de soledad y quietud que los santos tanto han apreciado a lo largo de nuestra historia para favorecer la oración.

Insiste, asimismo, Su Santidad en lo que ya se ha convertido en un Leit Motiv de su pontificado, su doble crítica a los católicos ‘rígidos’ empeñados en un cumplimiento puntilloso de las normas y a aquellos, no menos rígidos, que se obsesionan por agotar la verdad y defender a muerte cada punto de doctrina con desprecio de la práctica evangélica, ese amor y esas obras de caridad por las que seremos juzgados ‘al atardecer’.
Pero, ¿es alguno de esos dos el gran problema del mundo hoy? Más bien se diría que nuestra era, dentro y fuera de la Iglesia, se caracteriza por una visión más que laxa del cumplimiento de norma alguna; y en cuanto a la minuciosa defensa de la doctrina, suena incluso a broma cuando uno mira a su alrededor.

No es, por lo demás, una impresión personal. Ahí están las estadísticas sobre divorcio, aborto, homosexualidad activa u otras normas condenadas sin mucha polémica por la Iglesia que, entre católicos, alcanzan aproximadamente el mismo grado de incumplimiento que en la población general. En cuanto a doctrina, y por poner un ejemplo cercano al Papa, la Iglesia alemana, de la que han salido tantos de sus íntimos colaboradores y teólogos más admirados: según datos ofrecidos por la propia Conferencia Episcopal Alemana, solo el 60% de los laicos católicos cree en la vida después de la muerte y solo un tercio, en la Resurrección de Cristo.

¿Da la impresión de unos fieles aferrados irracionalmente a puntos minuciosos de doctrina? No parece, más bien lo contrario. Lo que uno ve a su alrededor es un descuido universal y sostenido de las normas y una ignorancia o desprecio creciente hacia las verdades de fe.
En definitiva, al lector le da a veces la sensación de que todo (o casi todo) es perfectamente correcto y adecuado en la exhortación salvo la fecha. Es un texto ideal, quizá, para la Ginebra gobernada por Calvino o, incluso, tal vez para los católicos españoles de los años cuarenta.

Francisco parece parafrasear en la intención a su compatriota Carlos Gardel, sintiendo que “veinte años no es nada”. Parece, decimos, dedicar un texto a católicos que no hubieran vivido las conmociones del postconcilio, a esa grey católica que, en efecto, podía en ocasiones mostrar un excesivo apego a puntos menores de doctrina o pseudodoctrina u observar un puntilloso cumplimiento de normas vacías de caridad.

Pero medio siglo es, en realidad, mucho tiempo, el suficiente como para que surjan varias generaciones de católicos a los que no hace falta animar demasiado para que relativicen normas o verdades de fe. Y es en ese sentido en el que Gaudete et Exultate parece hablar, directamente, a católicos que ya no existen apenas y a un mundo desaparecido sin remedio.

sábado, 17 de marzo de 2018

HAWKING NO CREÍA QUE EL UNIVERSO HUBIERA SIDO CREADO POR UN SER SUPERIOR



17 DE MARZO DE 2018

El científico británico Stephen Hawking dedicó su vida a desentrañar los misterios del origen de universo y de la vida. Sus investigaciones lo llevaron a concluir que no había razón para creer en la existencia de Dios, del cielo o de vida más allá de la muerte

Para intentar responderla, se dedicó al estudio de la teoría del Big Bang y la teoría del todo, dos de sus más grandes aportes a la ciencia, con las que intentó explicar el origen del universo.
Lo llevaron a una conclusión simple y contundente: "No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al Universo". Y así lo escribió en su libro "El gran diseño" en 2010.

"Las leyes de la física pueden explicar el universo sin la necesidad de Dios", decía ese mismo año en entrevista con el diario británico The Guardian.
Luego de afirmar que el Big Bang fue el comienzo de todo, inevitablemente se enfrentaba a la siguiente pregunta: ¿y entonces qué hubo antes?

Frente a esta interrogante, que ante cada respuesta podría repetirse hasta el infinito, tampoco incluía la posibilidad de la existencia de un Dios.
"Cuando la gente me pregunta si Dios creó el universo, les digo que la pregunta en sí misma no tiene sentido", narró Hawking en un video para el canal de televisión por cable especializado en ciencia Discovery Channel.
"El tiempo no existía antes del Big Bang, así que no había tiempo en el que Dios pudiera crear el universo".


"Para mí, la solución más simple es que no hay Dios, nadie creó el universo y nadie dirige nuestro destino", sentenciaba.
Pero más que negar la existencia de Dios, Hawking simplemente consideraba fútil hacerse la pregunta.

"Uno no puede probar que Dios no existe", le dijo en 2010 a la cadena estadounidense ABC. "Pero la ciencia hace a Dios innecesario".

En 1988, en su exitoso libro "Breve historia del tiempo", Hawking incluso dejaba una puerta abierta para un ser creador.
En la obra escribía que si llegáramos a articular la teoría del todo, podríamos conocer "la mente de Dios".
"Creo que el universo está gobernado por las leyes de la ciencia", dijo en una entrevista con la agencia Reuters. "Las leyes han podido ser decretadas por Dios, pero Dios no interviene para romper las leyes".

Años después, sin embargo, el mismo Hawking se encargó de explicar a qué se refería cuando hablaba de Dios.
"Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos 'la mente de Dios' era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera", le dijo al diario español El Mundo en 2104. "Pero no hay ningún Dios. Soy ateo".

A pesar de sus posiciones, Hawking visitó varias veces el Vaticano.
Allá participó en eventos de la Academia Pontificia de las Ciencias, ante la cual ofreció una charla acerca del origen del universo en 2016.

"Estamos profundamente tristes por el fallecimiento de nuestro destacado académico Stephen Hawking, que fue tan fiel a nuestra Academia", tuiteó la Academia Pontificia de las Ciencias tras la muerte del científico.
"A los cuatro papas que conoció les dijo que quería avanzar en la relación entre la fe y la razón científica. Oramos para que el Señor lo reciba en su gloria".

Hawking decía no tenerle miedo a la muerte. Y como no creía en Dios, tampoco creía en el cielo.
"Considero que el cerebro es una computadora que deja de funcionar cuando sus componentes fallan", dijo en entrevista con The Guardian en 2011.
"No hay cielo o vida después de la muerte para las computadoras dañadas. Ese es un cuento de hadas para personas que le temen a la oscuridad".

Ese pragmatismo, sin embargo, era el que lo mantenía maravillado y lo impulsaba a buscar las respuestas a esas dos preguntas que lo acompañaron durante toda su vida.
"Probablemente no hay cielo ni vida después de la muerte", dijo en Discovery Channel.
"Tenemos esta vida para apreciar el grandioso diseño del universo, y por eso, estoy extremadamente agradecido".

martes, 30 de enero de 2018

VERITATIS GAUDIUM

exige una ‘especial’ adhesión al magisterio de Francisco

Carlos Esteban, 29 enero, 2018
Infovaticana


En el documento se incluye que “quienes imparten materias relativas a la fe y a la moral tienen que ser conscientes de su deber de llevar a cabo su tarea en plena comunión con el auténtico Magisterio de la Iglesia, sobre todo, con el del Romano Pontífice”. 

Pasaré de puntillas, sin ahondar demasiado, sobre el estado, digamos, cuestionable de los estudios eclesiásticos católicos, a juzgar por sus frutos, pero creo no ser el único en pensar que una revisión en profundidad de los mismos no llega ni un minuto demasiado pronto.

Por eso he leído con esperanza la noticia sobre la iniciativa de la Santa Sede que supone la publicación de ‘Veritatis gaudium’, nueva constitución apostólica sobre las universidades y facultades eclesiásticas. Esperanza, no les voy a engañar, teñida de un creo que comprensible recelo.

Leo y me encuentro la palabra ‘renovación’, término católico donde los haya. Cristo “hace nuevas todas las cosas” y la perpetua conversión que debe ser la vida de un cristiano no es otra cosa que una continua renovación espiritual. Ese “equilibrio inestable” de lo nuevo y lo eterno -o de lo que es siempre nuevo porque es eterno- es lo que convierte la aventura de la fe en una verdadera ‘historia interminable’.

Pero el equilibrio se rompe cuando se pone demasiado énfasis en “nuevo” a expensas del otro término, no menos necesario, de “perenne”.

Leo “nueva etapa de la misión de la Iglesia”, “renovación sabia y valiente”, “transformación misionera de una Iglesia «en salida»”, “renovación adecuada del sistema de los estudios eclesiásticos”, “cambio radical de paradigma” (???), “valiente revolución cultural”, “abierta a nuevos escenarios y a nuevas propuestas”… Todo tan nuevo, en fin, que se diría que estamos ante una realidad distinta a la conocida. Uno echa de menos, quizá, alguna referencia más a la Tradición, y de más ese lenguaje tan revolucionario.

O, si lo de Tradición suena feo, a los orígenes, a la razón de ser, a la fuente. Por ejemplo, cuando habla de que los nuevos centros de estudio deben empeñarse en un diálogo “orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad”. ¿No falta nada ahí? ¿Por ejemplo, no sé, Cristo, la salvación de las almas, la vida eterna, la difusión de la fe, esas bagatelas? Si a lo que deben estar orientadas es a la “naturaleza y a la defensa de los pobres”, cualquier partido de izquierda radical puede cumplir esa misión sin todo el farragoso aparato eclesial.

Pero no es ese el punto que más ha llamado mi atención en la constitución apostólica. Quizá recuerden que hace unos días nos hicimos eco de un rumor que recogimos como tal rumor, sin dar credibilidad alguna a su contenido pero señalando cómo resultaba sintomático de la creciente confusión en la Iglesia el hecho de que fuera creíble para no pocos conocedores de los vericuetos vaticanos. Y si es, más que deseable, urgente que los docentes en materias eclesiásticas impartan sus clases en plena comunión con el Magisterio de la Iglesia, llama un tanto la atención la redacción de Veritatis Gaudium en este aspecto:

“Quienes imparten materias relativas a la fe y a la moral tienen que ser conscientes de su deber de llevar a cabo su tarea en plena comunión con el auténtico Magisterio de la Iglesia, sobre todo, con el del Romano Pontífice”.

¿Sobre todo? ¿Por qué ‘sobre todo’? ¿Es más magisterio el que plantea hoy Francisco que el acumulado estos dos últimos milenios?

Entendemos que se pueda incluir, aunque resulte redundante, el magisterio que se pueda derivar de este pontificado, pero, ¿sobre todo? Uno no quiere pensar en la reacción airada y unánime de los que hoy saltan voluntarios en feroz defensa de los ‘nuevo aires’ si un Juan Pablo II o un Benedicto XVI hubieran incluido ese “sobre todo” en una constitución similar, poniendo las enseñanzas de sus papados por encima del resto del magisterio.


viernes, 15 de diciembre de 2017

UN REINO EN GUERRA CIVIL


 Santiago MARTÍN, sacerdote
catolicos-on-line, 15-12-17

Mientras los católicos estamos enzarzados en cuestiones que nos dividen, los que desde fuera promueven dichas discusiones van ganando terreno, no sólo contra la Iglesia sino contra la misma humanidad. No en vano, es el demonio el que mueve sus hilos.

Por ejemplo, esta semana, entre otras cosas, se ha aprobado la ley de la eutanasia en Italia, el Supremo de Argentina ha declarado inconstitucional la clase de Religión en horario escolar y en Australia se ha presentado un informe por parte de la comisión civil que estudia los casos de pederastia que exige que se suprima el secreto de confesión y que los curas denuncien a los pederastas en cuanto alguno vaya al confesonario. Es el laicismo que no cesa, como un rayo demoledor que cae no sólo sobre la Iglesia sino sobre la sociedad en su conjunto.

Lo de Italia es particularmente grave, pues aunque la ley de eutanasia aprobada se presente como “ligth”, la verdad es que es el viejo truco del resquicio en la puerta para irla abriendo luego de par en par. De momento, cualquier puede pedirla, sin importar los motivos, y la obligación de aplicarla afecta incluso a los hospitales y médicos católicos. No se ha aprobado la inyección letal, pero sí la retirada al enfermo de la alimentación y la hidratación, con lo cual, si se le ha sedado antes, se le dejaría morir sin que él se enterase.

En Argentina, el Supremo ha decidido que la religión molesta en los colegios y que hay que sacarla fuera. De momento, sólo la echan del horario escolar. Se ve que como los niños y jóvenes andan sobrados de formación ética, hay que quitarles lo que recién para que no tengan tanta. Así conseguirán el prototipo de hombre que buscan, cada vez más animal y menos racional. Es decir, cada vez más fácilmente manipulable por parte de aquellos que entienden la humanidad como un gran rebaño. Lo que Orwell describió en “1984” es un juego de niños comparado con lo que están implantando los autores de esta ingeniería social que domina el mundo.

Por último, lo de Australia. La llamada “Comisión Real” para el estudio de los abusos a menores ha recomendado, entre otras cosas, que se suprima el secreto de confesión y que los curas tengan la obligación de denunciar al que se acerque a confesarse un pecado-delito de ese tipo. La cosa no puede ser más tonta, pues si eso se aprobara es evidente que nadie se iría a confesar sabiendo que de ahí va a ir a la cárcel. El arzobispo de Melbourne y presidente del Episcopado australiano, monseñor Hart, ha dicho que la Iglesia no va a aceptar eso de ningún modo, aunque ha añadido que él personalmente no daría la absolución al penitente hasta que voluntariamente no acudiera a la policía a entregarse.

Hay muchas más cosas: la ampliación del aborto en Bolivia, el control de los niños por el Estado denunciado por el arzobispo de Trieste, y otras. Todas apuntan a lo mismo: el laicismo se ha lanzado a degüello a domar una sociedad que ya no es defendida por una Iglesia fuerte, porque éste se encuentra casi en estado de guerra civil. Y ya se sabe, lo dijo Cristo: “Un reino en guerra civil se derrumba casa tras casa”. Por el bien de la humanidad, la Iglesia tiene que recuperar su unidad, cuanto antes.

lunes, 25 de septiembre de 2017

EL ARZOBISPADO DE LA PLATA

 prohíbe a los colegios católicos inculcar el matrimonio igualitario

El Día, 21-9-17

Con el objetivo de reafirmar conceptos y contenidos que a su juicio se estaban desdibujando en algunas escuelas católicas, y en respuesta a quejas recibidas “respecto de la transmisión de cuestiones esenciales en diversas asignaturas”, el arzobispo platense Héctor Aguer emitió un decreto en el que hace explícito que esos establecimientos no deberán apartarse de la ortodoxia del catecismo y la doctrina social de la Iglesia, y advierte acerca de los “errores y comportamientos desordenados que se difunden en la cultura vigente”.

Entre estas desviaciones, el prelado menciona las ideas inspiradas en la “teoría de genero” y aquellas referentes al orden social, político y económico que no concuerden con el compendio doctrinario publicado bajo la autoridad de Juan Pablo II en 2004.

Concretamente, el decreto 096/2017 se fundamenta en que “en los colegios católicos los alumnos deben recibir una educación integral basada en la doctrina de la Iglesia, de modo que sean formados en la visión cristiana del mundo y adhieran a ella con el pensamiento y el afecto”; y en que “periódicamente” llegan al arzobispado local diversas quejas, por lo que es competencia de su máxima autoridad “velar para que en los niños, adolescentes y jóvenes no se frustre la finalidad propia de la educación católica”.

En sus párrafos más destacados, el documento, que incumbe tanto a los colegios que dependen directamente del Arzobispado de La Plata, como a aquello pertenecientes a congregaciones religiosas, expresa que “los textos que se usen y las explicaciones de los profesores y catequistas deben ajustarse siempre” al catecismo de la iglesia católica y su compendio, para “mostrar a los alumnos, sin ambages, la verdad católica, con los métodos y actividades que correspondan a la edad de los educandos”.

Aguer advierte que a los niños y jóvenes que concurren a las aulas bajo su órbita “se les ha de ayudar a que adviertan los errores y comportamientos desordenados que se difunden en la cultura vigente, para evitar incurrir en ellos”, ya que “en el Catecismo se encuentra también la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana y sobre la justicia social”.

NO A LA “TEORÍA DE GÉNERO”

Respecto de la “educación para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia”, tal como la define el jerarca, prohibe “expresamente” que “en esta área tan delicada y bella se recurra como fuente de inspiración a la ‘teoría de género’ y a los textos que la sostienen”.

“En el momento oportuno hay que exponer con argumentos sólidos una crítica de esa teoría, hoy ampliamente difundida, que pretende negar las diferencias biológicas entre el varón y la mujer” sostiene Aguer, “de modo que los alumnos puedan discernir rectamente y no sean arrastrados por este error”.

Por último, el superior de la jurisdicción católica que abarca los partidos de La Plata, Berisso, Ensenada, Magdalena y Punta Indio establece que “las asignaturas referentes al orden social, político y económico, cualquiera sea el nombre que les atribuya el currículo oficial, deben inspirarse en el Catecismo y en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado bajo la autoridad de San Juan Pablo II el año 2004”.

“De acuerdo con lo establecido por San Juan Pablo II en la Constitución Apostólica Fidei depositum, del 11 de octubre de 1992, el Catecismo de la Iglesia Católica es un instrumento válido y autorizado al servicio de la comunidad eclesial y como norma segura para la enseñanza de la fe”, recuerda Aguer, y advierte que “a ningún docente le está permitido transmitir lo contrario de lo que en él se contiene, y a su tenor debe juzgarse la validez y licitud de textos o apuntes ofrecidos o recomendados en uso a los alumnos”.

Desde el Arzobispado, el padre Christian Viña explicó que “si bien estas premisas estaban vigente, Monseñor Aguer consideró oportuno reforzarlas al advertir que algunos contenidos y hechos que se venían sucediendo contradecían la esencia de la ortodoxia doctrinaria católica; para dar un ejemplo, hubo una institución en la que los propios alumnos se administraban la eucaristía”.

En cuanto a la enseñanza de la sexualidad, Viña aseguró que “no hay listas negras ni nada por el estilo; a los estudiantes no se les oculta lo que se vive en la realidad, sino que se les instruye al respecto de acuerdo con la doctrina católica”.

El cumplimiento de las órdenes de Aguer, desde los jardines de infantes hasta los claustros de la Universidad Católica, será supervisado por la Jurec (Junta Regional de Educación Católica). “Espero de los representantes legales, directivos, catequistas, capellanes y docentes el cumplimiento de estas disposiciones con sinceridad, prudencia sobrenatural y caridad”, puntualizó el prelado.


“Esto no debería sorprender a nadie, en tanto y en cuanto está en plena vigencia en nuestro país la libertad de enseñanza” subrayó Viña, jefe de prensa del Arzobispado: “esto rige para todos, sean instituciones católicas, judías o musulmanas”.