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lunes, 20 de junio de 2011

Un experto derriba mitos anticatólicos sobre las Cruzadas



El historiador doctor Paul F. Crawford del Departamento de Historia y Ciencias Políticas de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos), desmiente cuatro mitos anticatólicos sobre Las Cruzadas, según lo informa un cable de la agencia Aciprensa emitido desde su redacción central en Lima. Uno de esos mitos es el que afirma que quienes participaron en las Cruzadas se habrían llenado de riquezas cuando en realidad lo que sucedió es que muchos terminaron en bancarrota.

La información de Aciprensa dice que el investigador de las Cruzadas señala que con frecuencia "las cruzadas son mostradas como un episodio deplorablemente violento en el que libertinos occidentales, que no habían sido provocados, asesinaban y robaban a musulmanes sofisticados y amantes de la paz, dejando patrones de opresión escandalosa que se repetirían en la historia subsecuente".

"En muchos lugares de la civilización occidental actual, esta perspectiva es demasiado común y demasiado obvia como para ser rebatida", prosigue.

Sin embargo, precisa el experto autor del libro "The Templar of Tyre", la "unanimidad no es garantía de precisión. Lo que todo el mundo ‘sabe’ sobre las cruzadas podría, de hecho, no ser cierto".

Seguidamente rebate, uno a uno, cuatro mitos que terminan por mostrar algo que, en realidad, no fueron las Cruzadas.

Primer mito: "Las cruzadas representaron un ataque no provocado de cristianos occidentales contra el mundo musulmán"
Crawford señala que "nada podría estar más lejos de la verdad, e incluso una revisión cronológica aclararía eso. En el año 632, Egipto, Palestina, Siria, Asia Menor, el norte de África, España, Francia, Italia y las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega eran todos territorios cristianos. Dentro de los límites del Imperio Romano, que todavía era completamente funcional en el Mediterráneo oriental, el cristianismo ortodoxo era la religión oficial y claramente mayoritaria".

Hacia el año 732, un siglo después, los cristianos habían perdido la mayoría de esos territorios y "las comunidades cristianas de Arabia fueron destruidas completamente en o poco después del 633, cuando los judíos y los cristianos por igual fueron expulsados de la península. Aquellos en Persia estuvieron bajo severa presión. Dos tercios del territorio que había sido del mundo cristiano eran ahora regidos por musulmanes".

Lo que sucedió, explica el experto, sí lo sabe la mayoría de la gente pero solo lo recuerda cuando se les "precisa un poco": "La respuesta es el avance del Islam. Cada una de las regiones mencionadas fue sacada, en el transcurso de cien años, del control cristiano por medio de la violencia, a través de campañas militares deliberadamente diseñadas para expandir el territorio musulmán a expensas de sus vecinos. Pero esto no dio por concluido el programa de conquistas del Islam".

Los ataques musulmanes contra los cristianos siguieron ya no solo en esa región sino contra Europa, especialmente Italia y Francia, durante los siglos IX, X y XI, lo que hizo que los bizantinos, los cristianos del Imperio Romano de Oriente, solicitaran ayuda a los Papas. Fue Urbano II quien envió las primeras cruzadas en el siglo XI, después de muchos años de recibir el primer pedido.

Para Crawford, "lejos de no haber sido provocadas, las cruzadas representan el primer gran contraataque del Occidente cristiano contra los ataques musulmanes que se habían dado continuamente desde el inicio del Islam hasta el siglo XI, y que siguieron luego casi sin cesar".

En cuanto a este primer mito, el experto hace una sencilla afirmación para entender un poco mejor el asunto: "Basta con preguntarse cuántas veces fuerzas cristianas han atacado la Meca. La respuesta, por supuesto, es nunca".

Segundo mito: "Los cristianos occidentales fueron a las cruzadas porque su avaricia los motivó a saquear a los musulmanes para hacerse ricos"
"Nuevamente –explica Crawford– no es verdad". Algunos historiadores como Fred Cazel explican que "pocos cruzados tenían suficiente dinero para pagar sus obligaciones en casa y mantenerse decentemente en las cruzadas".

Desde el principio mismo, recuerda Paul F Crawford, "las consideraciones financieras fueron importantes en la planeación de la cruzada. Los primeros cruzados vendieron tantas de sus posesiones para financiar sus expediciones que generaron una extendida inflación".

"Aunque los siguientes cruzados tomaron esta consideración en cuenta y comenzaron a ahorrar mucho antes de embarcarse en esta empresa, el gasto seguía estando muy cerca de lo prohibitivo", añade.

Tras recordar que lo que algunos estimaban iban a costar Las Cruzadas era "una meta imposible de lograr", el historiador señala que "muy pocos se hicieron ricos con las cruzadas, y sus números fueron empequeñecidos sobremanera por quienes quebraron. Muchos en el medioevo eran muy conscientes de eso y no consideraron a las cruzadas como una manera de mejorar su situación financiera".

Tercer mito: "Los cruzados fueron un bloque cínico que en realidad no creía ni en su propia propaganda religiosa, en vez de eso tenían otros motivos más materiales"
Este, señala el experto historiador, "ha sido un argumento muy popular, al menos desde Voltaire. Parece creíble e incluso obligatorio para la gente moderna, dominada por la perspectiva del mundo materialista".

Con una tasa de bajas que bordeaba el 75%, con una expectativa de volver quebrado y no poder sobrevivir, ¿cómo tenía resultado la prédica para que más personas se enrolaran?, cuestiona el historiador.

Crawford responde explicando que "las cruzadas eran apelantes precisamente porque era una tarea dura y conocida, y porque emprender una cruzada por los motivos correctos era entendida como una penitencia aceptable del pecado. Lejos de ser una empresa materialista, la cruzada era impráctica en términos mundanos, pero valiosa para el alma".

"La cruzada era el ejemplo casi supremo de ese sufrimiento complicado, y por eso era una penitencia ideal y muy completa", añade.

El historiador indica luego que "con lo complicado que puede ser para la gente actual creer, la evidencia sugiere fuertemente que la mayoría de los cruzados estaban motivados por el deseo de agradar a Dios, expiar sus pecados y poner sus vidas al servicio del ‘prójimo’, entendido en el sentido cristiano".

Cuarto mito: "Los cruzados le enseñaron a los musulmanes a odiar y atacar a cristianos"
Otra vez, aclara Paul Crawford, nada más alejado de la verdad. El historiador señala que "hasta hace muy poco, los musulmanes recordaban las cruzadas como una instancia en la que habían derrotado un insignificante ataque occidental cristiano".

La primera historia musulmana sobre las cruzadas no apareció sino hasta 1899. Por ese entonces, el mundo musulmán estaba redescubriendo las cruzadas, "pero lo hacía con un giro aprendido de los occidentales".

"Al mismo tiempo, el nacionalismo comenzó a enraizarse en el mundo musulmán. Los nacionalistas árabes tomaron prestada la idea de una larga campaña europea contra ellos de la escuela europea antigua de pensamiento, sin considerar el hecho de que constituía realmente una mala representación de las cruzadas, y usando este entendimiento distorsionado como una forma para generar apoyo para sus propias agendas".

Entonces, precisa el doctor Crawford, "no fueron las cruzadas las que le enseñaron al Islam a atacar y odiar a los cristianos. Muy lejos de eso están los hechos. Esas actividades habían precedido a las cruzadas por largo tiempo, y nos llevan hasta el origen del Islam. En vez de eso, fue Occidente quien enseñó al Islam a odiar las Cruzadas. La ironía es grande".+


Lima (Perú), 20 Jun. 11 (AICA)


jueves, 29 de enero de 2009

Las Cruzadas, entre el mérito y el mea culpa


Los historiadores hacen una relectura en el noveno centenario
En coincidencia con el noveno centenario de la
primera expedición a Tierra Santa (15 julio 1099), guiada por
Godofredo de Bouillon y Raimundo de Tolosa, que se concluyó con la
victoriosa conquista cristiana de Jerusalén, las páginas culturales de
los diarios se han llenado de artículos, se han celebrado exposiciones
y congresos de estudiosos para recordar este evento.

Como es bien conocido, el asunto de las Cruzadas es controvertido y
una cierta publicidad ha utilizado siempre las Cruzadas para
criticar ásperamente a la Iglesia católica. Una postura que se ha
hecho común y que no ha tenido nunca en cuenta los resultados de las
investigaciones históricas.

Aunque los medios de comunicación presionan para que los católicos,
ante el Jubileo, carguen con todas las culpas, nuevos descubrimientos
históricos demuestran que el asunto de las Cruzadas fue mucho más
complejo de lo que se cree. El jesuita Carmelo Capizzi, profesor de
Historia Medieval en la Pontificia Universidad Gregoriana, ha escrito
un artículo en el último número de «Civiltà Cattolica» en el que
sostiene que: «Muy lejos de haber sido inútiles o nefastas, las
Cruzadas contribuyeron a crear situaciones históricas positivas, que
desembocaron en procesos internacionales todavía abiertos y de vital
importancia».

El artículo critica valoraciones «demasiado superficiales sobre el
evento histórico» e invita a los estudiosos a acercarse a él libres
de condicionamientos ideológicos. El padre Capizzi invita a «rescatar»
a las Cruzadas de la que él considera historiografía de signo laicista
y por tanto fuertemente condicionada. Hubo errores, admite el padre
Capizzi, pero estos no justifican la condena de las Cruzadas que, en
su opinión, se deben considerar como un factor de progreso social y
cultural. «Se equivocan --concluye-- quienes atribuyen a la Cruzada
finalidades que ésta no se propuso jamás como, por ejemplo, la
propagación de la fe a mano armada».

El artículo de «Civiltà Cattolica» es compartido por el escritor
católico Vittorio Messori, que ha declarado al «Corriere della Sera»
que «se olvida que en Jerusalén, cuando llegaron los musulmanes,
destruyeron todas las iglesias de la cristiandad, lo mismo que
hicieron en el Norte de Africa, en Turquía y en la parte de España que
ocuparon durante ochocientos años».

Para el historiador Franco Cardini, los equívocos sobre este problema
nacen de una visión reductiva de la historia: «Se separa el hecho
militar (la Cruzada) de un contexto profundamente denso y positivo».
Para valorar mejor la situación, añade Cardini, «haría falta
reinsertarla en su contexto histórico con lo que muchas polémicas no
tendrían razón de ser». «Por otra parte --explica el historiador
medievalista-- la palabra Cruzada es una expresión moderna que se usa
sistemáticamente sólo desde el siglo XVIII. Hasta entonces había
términos que definían al "cruzado" pero no existía la palabra
abstracta. Esto significa que, hablando de Cruzadas desde el 1700 a
hoy, se ha hecho toda una serie de generalizaciones engañosas».

Monseñor Rino Fisichella, obispo auxiliar de Roma y vicepresidente de
la Comisión teológico-histórica del Jubileo, ha explicado a Radio
Vaticana que «el tema de las Cruzadas es complejo. No estoy de acuerdo
con quienes sólo hacen de las cruzadas una lectura religiosa o una
guerra santa. No olvidemos que se trata de un fenómeno que abarca
cerca de 200 años de historia y no se puede reducir todo a una sola
lectura religiosa. El juicio sobre las Cruzadas debe ser complejo y
global, de otro modo existe el riesgo de hacer una transposición de
las concepciones y las conquistas que el pensamiento ha hecho hoy y
llevarlas al pasado. Ante el Jubileo, es justo que tratemos de evaluar
cuáles han sido, en los hechos de nuestra historia, los aspectos
positivos que han llevado progreso, que han hecho madurar la
conciencia y el comportamiento de algunos cristianos y los que han
sido limitadores, que no han permitido dar una visión plena y profunda
de la santidad de la Iglesia».

«Las Cruzadas --afirma monseñor Fisichella-- han sido presentadas en
el pasado como un enfrentamiento entre Oriente y Occidente, para decir
ver quién tenía razón y quién estaba equivocado, entre quién era más
fuerte y quién era más débil. Pero hoy, a la luz de la historia, de otras
conquistas de la humanidad, y de la mayor conciencia que la Iglesia tiene
de su historia, creo que es mejor hablar de complementariedad. No es ya
un enfrentamiento entre Oriente y Occidente sino la conciencia de que los
dos mundos, las dos culturas, las dos realidades tienen que conocerse e
integrarse mutuamente».

ROMA, 18 julio 1999 (ZENIT).-


Sigue la polémica sobre las Cruzadas


El historiador Franco Cardini sale al paso de algunos errores

Han aparecido artículos en los que las Cruzadas se describen como
guerras santas, las masacres de los judíos que tuvieron lugar en
aquella ocasión, como la antesala del holocausto. La Iglesia ha sido
acusada de haber siempre tratado de eliminar a los adversarios en
nombre de la ortodoxia. «La Repubblica», el segundo periódico por
difusión en Italia, ha escrito que «los francos masacraron a setenta
mil personas en una mezquita», lo que debería hacer suponer que la
mezquita era tan grande como un moderno estadio de fútbol.

Para tratar de evitar tonterías y errores, el historiador Franco
Cardini, profundo conocedor de los acontecimientos medievales, ha
escrito un artículo en «Avvenire» de hoy con el título «Cruzadas, no
guerras de religión».

El profesor Cardini explica que la interpretación de las Cruzadas como
antecedentes de las guerras de religión y de las guerras ideológicas,
ha sido sostenida en los ambientes iluministas. Se trata de una
polémica ampliamente malentendida y de pretexto.

Según el profesor Cardini, «las Cruzadas no han sido nunca "guerras de
religión", no han buscado nunca la conversión forzada o la supresión
de los infieles. Los excesos y violencias realizados en el curso de
las expediciones --que han existido y no se deben olvidar-- deben ser
evaluados en el marco de la normal aunque dolorosa fenomenología de
los hechos militares y siempre teniendo presente que alguna razón
teológica los ha justificado. La Cruzada corresponde a un movimiento
de peregrinación armado que se afirmó lentamente y se desarrolló en el
tiempo --entre el siglo XI y el XIII-- que debe ser entendido
insertándolo en el contexto del largo encuentro entre Cristiandad e
Islam que ha producido resultados positivos culturales y económicos.
¿Cómo se justifica si no el dato de frecuentes amistades e incluso
alianzas militares entre cristianos y musulmanes en la historia de las
Cruzadas?».

Para confirmar sus tesis el profesor Cardini recuerda la contribución
de San Bernardo de Claraval (1090-1153) que contra la caballería
laica, como aquella del siglo XII formada por gente ávida, violenta y
amoral, propuso la constitución de «una nueva caballería» al servicio
de los pobres y de los peregrinos. La propuesta de San Bernardo era
revolucionaria, una nueva caballería hecha de monjes que renunciase a
toda forma de riqueza y de poder personal y que incluso en la guerra
aprendiese que al enemigo se lo puede incluso matar, cuando no haya
otra opción, pero que no se le debe odiar. De aquí la enseñanza de no
odiar ni siquiera en la batalla.

La Cruzada entendida como «guerra santa» contra los musulmanes,
también sería según Cardini una exageración. «En realidad --subraya
el profesor-- lo que interesaba en las expediciones al servicio de los
hermanos en Cristo, amenazados por los musulmanes, era la
recuperación de la paz en Occidente y la puesta en marcha de la
idea de socorro a los correligionarios lejanos. La Cruzada significaba
reconciliarse con el adversario antes de partir, renunciar a la disputa
y a la venganza, aceptar la idea del martirio, ponerse a sí mismos y
los propios haberes a disposición de la comunidad de los creyentes,
proyectarse en un experiencia a la luz de la cual, por un cierto
número de meses y quizá de años, se pondría el seguimiento de Cristo
y la memoria del Cristo viviente en la tierra que había sido el teatro de
su existencia terrena en el culmen de la propia experiencia».

ROMA, 21 jul 1999 (ZENIT).-



Cruzadas, entre realidad y leyenda negra

El escritor Vittorio Messori se une al debate

Según el conocido escritor católico Vittorio Messori, sobre las Cruzadas ha sido contruida por los iluministas una «leyenda negra» «como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia romana». Messori ha escrito en el «Corriere della Sera», el principal diario italiano, que «es, en efecto, en el siglo XVIII europeo cuando, completando la obra de la Reforma, se establece el rosario de las "infamias romanas", convertido en canónico».

«Por lo que se refiere a las Cruzadas, la propaganda anticatólica inventó incluso el nombre: igual que el término Edad Media, elegido por la historiografía "iluminada" para indicar el paréntesis de oscuridad y fanatismo entre los esplendores de la Antigüedad y los del Renacimiento. Por descontado que quienes, hace novecientos años, asaltaron Jerusalén, se habrían sorprendido bastante si alguno les hubiera dicho que estaban realizando lo que se llamaría "primera Cruzada". Aquello para ellos era itinerario, "peregrinación", recorrido, pasaje. Aquellos mismos «peregrinos armados» se habrían sorprendió aún más si hubieran previsto que les sería atribuida la intención de convertir a los "infieles" o de asegurar vías comerciales a Occidente o de crear "colonias" europeas en Medio Oriente...».

Messori revela que, lamentablemente, «en Occidente, la oscura invención "cruzada" ha acabado por apresar en el sentimiento de culpa a algunos hombres de la misma Iglesia, que no conocen como sucedieron de verdad las cosas». Además, explica Messori, «en Oriente, la leyenda se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos --y pagaremos todavía más-- las consecuencias, con el deseo de revancha de las multitudes musulmanas que piden venganza contra el «Gran Satanás».
Que no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad; aquella, justo, de las "Cruzadas": ¿No son quizá los occidentales mismos quienes insisten en decir que ha sido una terrible, imperdonable agresión contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?».

«Y sin embargo --revela el conocido escritor-- hay una pregunta que deberemos hacernos: en el marco más que milenario de las relaciones entre Cristiandad e Islam, ¿quién fue el agredido y quién el agresor?
Cuando, en el 638, el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era ya desde hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero de Egipto y luego del norte de Africa, llevando a la extinción del cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín. Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten en cúmulos de ruinas.
En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder ante los muros de Viena. Si se execra justamente la masacre de Jerusalén en el 1099, no se debe olvidar a Mahoma II en 1480 en Otranto, simple ejemplo de un cortejo sangriento de sufrimientos».

Messori concluye su reflexión haciendo algunas preguntas: «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra", esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».

«Un simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en Africa, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo).
Admitido --y probablemnte no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?».

ROMA, 27 jul 1999 (ZENIT).-