martes, 24 de diciembre de 2024

DE LA IGLESIA MARTIRIAL


a la “iglesia del pluralismo”

 

POR LEANDRO BLÁSQUEZ  *

La Prensa, 23.12.2024

 

Con una gran perplejidad hemos leído el comunicado del Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz hecho público con el título: “Reconocer a la Iglesia dentro de la pluralidad, sin privilegios. Reflexiones en torno a la reforma constitucional”. Firmado por los señores obispos: monseñor Sergio Fenoy y monseñor Matías Vecino en ocasión de la inminente reforma de la Constitución de la Provincia de Santa Fe.

 

En su lectura nos topamos con una cantidad de errores, omisiones y eufemismos que dan la sensación de que estamos frente a un fraude rotundo. Por eso creemos necesario hacer algunas aclaraciones para poner blanco sobre negro en este asunto que desde hace décadas se ha olvidado, por obra o por omisión culposa. Como decía el P. Castellani, los charlatanes más peligrosos son aquellos que agitan las aguas para que parezcan más profundas, refiriéndose a los que meten mano de un aparataje teórico para oscurecer lo que debería aclararse.

 

Y ya que el mismo documento lo afirma: “…hay varios puntos que nos deberían interesar a todos, y mucho. El artículo 3, por ejemplo, podría generar encendidos debates”, nos tomaremos el permiso, como laicos, de debatir sobre este tema que compromete nuestro futuro, el de nuestras familias y el de nuestros hermanos santafesinos con la firme convicción de que es nuestro deber sanear las estructuras temporales con la fuerza del Evangelio.

 

En el comunicado se menciona que, durante 19 siglos y medio, la política católica estuvo en un error: “Desde mediados del siglo pasado la Iglesia viene afirmando la justa autonomía y la cooperación del orden temporal con respecto al religioso… La confusión del orden civil con el religioso es no sólo anacrónica, sino también errónea…”.

 

Parece cuento tener que desmentir semejante macana. Jamás, ni antes, ni después ni ahora la Doctrina Social de la Iglesia defendió la confusión entre los dos órdenes; sólo una interpretación torcida puede ser capaz de leer la historia en esos términos. Y si alguna vez pudo darse, no nos pertenece a los argentinos haber asumido o defendido tal tesis.

 

Es claro que debe existir una justa autonomía y cooperación entre el orden temporal y el religioso; aunque lo afirme la Gaudium et Spes con toda verdad, sin embargo, esa afirmación es parte del cuerpo doctrinal más perenne, y pretender defender la cuestión como novedad del Concilio Vaticano II es un absurdo.

 

En el artículo 3 de la Constitución de Santa Fe, donde se afirma que “la religión de la Provincia es la Católica, Apostólica y Romana, a la que le prestará su protección más decidida, sin perjuicio de la libertad religiosa que gozan sus habitantes” nuestros obispos ven una actitud retrógrada y malintencionada que habría que revertir, enmendar y superar cuando en realidad es una declaración de principios ejemplar que deberían admirar el resto de las naciones; sobre todo aquellas donde la religión se ha vuelto instrumento de opresión, de persecución ideológica y sometimiento, y la excusa para saquear, asesinar y corromper a los indefensos. Otra vez, nuestros prelados humillándose por errores que no cometimos y pidiendo perdón a sus verdugos de pecados inexistentes. Es realmente una vergüenza leer que para ellos “hoy semejante párrafo es inadmisible desde todo punto de vista”.

 

Como en una pesadilla que no deja respirar, a renglón seguido se lee: “Sin pretender entrar en las motivaciones que impulsaron a aquellos constituyentes, o en la coyuntura histórica que los habrá conducido…” con la muletilla del aggiornamento los obispos justifican sus dichos acudiendo a un historicismo rancio para decirnos que lo pasado, pisado…

 

Contra este error hay que decir que, nuestros Padres han decidido declarar jurídicamente y a perpetuidad la identidad católica de la Patria reconociendo su origen, su correspondencia y por sobre todas las cosas su destino en comunión con los ideales del Evangelio, porque entendieron que el Fin del Hombre en este mundo no se agota en el Estado –por perfecto que este sea-, si no en Dios, fuente y razón de toda justicia. Pudieron reconocer esto, aún sin comprometer los asuntos que a cada uno le correspondía. De ahí que afirmar que “la condición propia de lo temporal, por definición, implica la no perdurabilidad, la siempre mutabilidad, la continua perfectibilidad…” es una actitud desertora, propia de cobardes y traidores indignos que están siempre dispuestos a entregar la “cosa pública” a los corruptos y salteadores que, otra vez como hace dos mil años, quieren repartirse la ropa y sortearse la túnica del único Salvador del mundo.

 

EL CATOLICISMO EN LA GÓNDOLA DE LAS RELIGIONES

 

Uno de los mejores pasajes del Evangelio es ese que narra la historia del administrador astuto: Cristo alabó al administrador infiel porque había sido más astuto que los hijos de la luz. ¿Qué diría hoy Nuestro Señor frente al derrotismo manifiesto con el que se gobierna su hacienda que es la Iglesia? Colocar a la Iglesia en plano de igualdad con el resto de las religiones falsas e idolátricas es Apostasía que no escapa al sentido común. Acá no se trata de una lucha de poder para conservar una banca apestosa en el Parlamento o un cargo en Tribunales, la cuestión es la misma de siempre: Reinado de Cristo o reinado del Anticristo.

 

El historiador francés Fustel de Coulange, en su libro ‘La ciudad Antigua’, relata que, según las Actas de los Mártires de los primeros siglos, los romanos habían ofrecido a los cristianos que su religión sea reconocida dentro del imperio al igual que todas las demás religiones, colocando a su Dios en el Parnaso. Que una vez aceptada esta tregua el Imperio dejaría de perseguirlos y ellos quedarían incluidos dentro de la Pax Romana (es decir, convertir al cristianismo en una religión más del Estado). Naturalmente que los cristianos rechazaron el acuerdo para sorpresa y estupor de los mismos cónsules romanos, que no entendían por qué estos hombres se dejaban matar por su fe rechazando un acuerdo tan favorable que ponía fin a largos años de masacres y persecuciones por las cuales el Estado Romano ya estaba agotado y sin posibilidades. Pero la cosa no era de sorprender, porque los cristianos entendieron que por encima de la Pax Romana está el único Dios verdadero y que, la Fe en Cristo no podía ser de ninguna manera reducida a una simple confesión más, porque eso significaría caer en idolatría. Luego de lo cual se desató la más cruel de las persecuciones.

 

Valga esta anécdota des-edificante para manifestarnos en contra de aquello que se afirma diciendo: “…la redacción de la próxima Constitución en su artículo 3, o aquel que lo reemplace, debería reflejar el respeto a la pluralidad de una sociedad que es precisamente plural en sus distintas expresiones religiosas”.

 

¡No se puede ser tan cínicos! Los enemigos de Cristo se relamen ante semejante lustrabotismo. Justamente porque firman la rendición antes de la tregua.

 

Pero tranquilos, porque a reglón seguido se dice: “Debería, además de reconocer la justa autonomía de los dos órdenes, garantizar su cooperación…” claro, no nos engañemos, esa cooperación será para humillar a la Fe de Cristo y al nombre de su Santísima Madre. No en nuestro nombre. No va a ser entregada la libertad de los fieles a un ídolo que pretende instaurar todo en una religión pluralista con nuestra complicidad e indiferencia.

 

La “tesis” debe ser siempre el Estado Católico. Debe ser la consigna permanente y es el mandato que la Iglesia siempre proclamó. San Juan Pablo II nos alentaba diciendo: “Inculturar el Evangelio, no es reconducirlo a lo efímero y reducirlo a lo superficial… Por el contrario, [es] insertar la fuerza del fermento evangélico y su novedad… en el corazón mismo de las sacudidas de nuestro tiempo, en gestación de nuevos modos de pensar, de actuar y de vivir” (Mensaje de Juan Pablo II a los Miembros del Consejo Pontificio de la Cultura, 13 de enero de 1989).

 

Ahora resulta que nos quieren meter miedo, vergüenza y cargos de conciencia a los cristianos cuando luchamos por introducir el Evangelio en las estructuras temporales, en las instituciones públicas, en las escuelas, en los hospitales, en los tribunales y en los parlamentos. ¿Qué seguirá de esto? ¿Querrán cambiarle el nombre a la Provincia de Santa Fe de la Vera Cruz también? Bueno, vayamos pensando... por lo pronto tiro una idea: “Provincia Laicista de la Sana Pluralidad”.

 

¿Qué más? ¿Será que tendremos que salir a la calle a luchar por derechos ya consagrados? ¿Qué sentido tiene esta entrega? El único sentido que le encontramos a todo este barullo es ideológico, se llama modernismo. Más precisamente, herejía modernista.

 

Y dígase claramente, ofende el hecho de que este comunicado haya salido al ruedo sin el conocimineto de los católicos santafesinos y que en nombre de “todos, todos, todos” se burle la inteligencia de la grey. Una incoherencia patente en unos pastores que agitan la bandera de la inclusión y la “sinodalidad”. ¡No a nosotros! ¡No en nuestro nombre! Conocemos perfectamente nuestros derechos y obligaciones como laicos y por eso manifestamos nuestro descontento ante este atropello. Es el colmo que, no son los masones, los liberales o los comunistas los que están en este propósito, sino nuestros obispos… ¿O sí?

 

No nos engañemos, el laicismo como concepción política, ha llevado a la ruina a las sociedades cristianas y a la persecución cruenta y martirial de los cristianos cada vez que se negaron los derechos de Dios y Su soberanía. Decir que el laicismo es “neutro” es idiotez indigna de una persona que ha sido puesta por Dios para advertir (que eso y no otra cosa significa epíscopo: ver desde arriba). Y levantar la bandera de la “sana laicidad del Estado” es un acto de imprudencia y falta de lucidez, porque la Argentina todavía es católica –de hecho y de derecho- y ningún clérigo tiene potestad para desmentirlo. Evidentemente estos obispos no conocen a su rebaño, se manejan como lobos disfrazados de corderos y están dispuestos a entregarnos.

 

¿Será necesario aclarar cuál es fin último del Estado? El fin de la política es la consecución del bien común último del orden temporal.

 

Conviene detenerse aquí para hacer una distinción importante: existe el bien común temporal que es competencia de la política y el bien común espiritual que es competencia de la Iglesia.

 

La sociedad política jamás debe renunciar a la conquista del Bien Común temporal (o del aquende) aun cuando eso implique sostener y contribuir material, jurídica o institucionalmente al Bien Común del allande. Así mismo, la “sociedad sobrenatural” o espiritual que es la Iglesia, jamás debe renunciar a la conquista del Bien Común espiritual (del allende) que es la salvación de las almas, sin dejar por eso de proteger o velar en la medida de sus posibilidades por el Bien Común político del Estado cuando se ordene a su propio fin. De aquí que la Iglesia deba interferir en asuntos políticos como docente porque es Mater et Magistra para el orden social.

 

Sin interferir uno en otro, el Estado debe subordinarse al poder espiritual de la Iglesia por la evidente primacía de lo espiritual sobre lo temporal. A este Bien Común trascendente se corresponden todas las acciones que la Iglesia tiene derecho a desarrollar. Cumplir con la obligación de dar a Dios el culto debido para para Su gloria y para el bien de las almas, tanto en lo individual como así también en lo universal. Callar estas verdades es bajar la guardia y dejar el rebaño de Cristo a merced de los lobos, que tienen nombre y apellido y los conocemos bien: son los que desde el principio dicen “no queremos que éste reine sobre nosotros” (Lc, 19, 14).

 

Para quienes creen que la Soberanía de Cristo es algo anacrónico hay que decirles que la Iglesia no es una empresa que se regula por las leyes de la oferta y la demanda, la Iglesia es la Iglesia de las Promesas, sobre ella pesa el mandato de Cristo: “haced que todas las naciones sean mis discípulos”. Ya el padre Julio Meinvielle enseñó que en medio de la Iglesia de las Promesas –como el trigo y la cizaña- crecía una falsa iglesia: la iglesia de la publicidad, la que iba a reemplazar el mensaje evangélico por un credo gnóstico y secularizado, es lo que estamos viendo.

 

Este es un tiempo para abrigar una sola esperanza: la alegre esperanza de la Segunda Venida del Salvador. En contra de los que quieren “Instaurar todas las cosas en la Pluralidad”, nosotros seguimos levantando bien alto la bandera de Cristo Rey: Omnia Instaurare in Christo”.

 

* Miembro del Centro de Estudios Universitarios P. Leonardo Castellani.

viernes, 20 de diciembre de 2024

¿ES INFALIBLE EL PAPA?

 

Mons.  Héctor Aguer


La Prensa, 19.12.2024

 

La pregunta expresada en el título tiene una respuesta afirmativa, y de valor dogmático. El Concilio Vaticano I definió el 18 de julio de 1870, mediante la Constitución Dogmática Pastor Aeternus, que el Sucesor de Pedro en la Cátedra Romana, goza del privilegio de la infalibilidad cuando determina que una verdad es un dogma de fe católica y declara que es su voluntad pronunciarse en esos términos.

 

Se trata de un magisterio extraordinario, que no se ejerce sino en contadas ocasiones. Hay un antecedente a la decisión del mencionado Concilio. El Papa Pío IX, en 1854, mediante la Bula Ineffabilis Deus, definió el dogma de la Inmaculada Concepción de María, que destinada a ser la Madre del Verbo Encarnado, fue preservada de la mancha del pecado original. De paso anotemos que cuatro años después, en 1858, María Santísima se apareció en Lourdes a la niña Bernadette Soubirous y declaró: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

 

ÚNICO CASO DE DEFINICIÓN DOGMÁTICA

 

La historia registra luego un único caso de definición dogmática: Pío XII, el 1° de noviembre de 1950, mediante la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, declaró que es una verdad de fe católica que la Virgen María, acabado el curso de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. Esta declaración la efectuó Pío XII ante una muchedumbre que llenaba la Plaza de San Pedro y se extendía por la Via della Conciliazione hasta el Tíber.

 

La enseñanza papal se expresa habitualmente mediante su Magisterio Ordinario: encíclicas, mensajes, discursos, etc. No se debe confundir entonces esos dos órdenes de enseñanza y extender la infalibilidad a todo lo que el Pontífice enseña, por más importante que esto sea. Lamentablemente, el desconocimiento de esas realidades teológicas, ha llevado a veces a una especie de “papismo” que considera infalible en toda circunstancia a lo que el Sucesor de Pedro declara. La obediencia de fe de un cristiano corresponde diversamente y abarca en sentido amplio las expresiones del magisterio ordinario; pero hay que tener en cuenta que en ellas puede caber error.

 

Es difícilmente evitable todo error si el Papa habla mucho y ante oyentes muy diversos: peregrinos, visitantes circunstanciales en audiencias personales, declaraciones periodísticas, por ejemplo. Estas situaciones no constituyen magisterio; el ejercicio del magisterio ordinario incluye la intención de enseñar, de comunicar la verdad de la fe o del orden natural.

 

Los errores manifestados por Francisco proceden de su disgusto a la Tradición, que lo lleva a maltratar a los tradicionalistas, a perseguir a obispos y sacerdotes, a cancelar algunos. Un procedimiento habitual es intervenir indirectamente en las diócesis nombrando a progresistas coadjutores de los respectivos obispos. En numerosos casos se manifiesta crítico de los presbíteros, a los que parece despreciar, tildandolos de “indietristas” porque aman y siguen la Tradición. Este desprecio contrasta con el amor a los sacerdotes manifestado por los Papas precedentes, San Juan Pablo II y Benedicto XVI.

 

MARIOLOGIA

 

Su mariología es deficiente: cuando se le pidió que proclamase a la Corredentora, se negó con un pésimo argumento, alegando que no se la podía llamar Corredentora “porque ella no es divina”. Se nota que no entiende el misterio de participación de María en la obra de la redención. El estilo de Francisco es populista, lo que le viene de su simpatía política con el fenómeno argentino del peronismo, movimiento al cual adhirió desde joven en el sector conocido como ‘Guardia de Hierro’.

 

La cuestión de la infalibilidad no se plantea; de hecho, él desarrolla su actividad valiéndose de la autoridad pontificia con toda naturalidad. Es bien consciente de ser el Papa y como tal lo consideran los fieles, salvo que muchos no aprueban sus opciones políticas, y reconocen muy bien que esa dimensión política es ajena a la función de Sucesor de Pedro.

 

El actual pontificado está empeñado en la agenda globalista y el diálogo interreligioso; no puede cumplir con el encargo de difundir el conocimiento y el amor de Jesucristo. Pero el mandato apostólico sigue siendo: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a todas las naciones; el que crea y se bautice se salvará, el que no crea se condenará” (Mc 16, 16). Vale para este mundo, que aguarda la recuperación del Sucesor de Pedro.

sábado, 7 de diciembre de 2024

LA AGENDA GAY

 

 avanza con el Jubileo LGBT, organizado por la CEI y los jesuitas

 

Luisella Scrosati

Brújula cotidiana, 07_12_2024

 

El Jubileo LGBT: el rumor estaba en el aire desde hace unos meses. Hace sólo unos pocos días nuestra fuente nos advirtió de que el proyecto ya había tomado forma: el viernes 5 de septiembre de 2025, a las 20.00 horas, en la Iglesia del Gesù, habrá una vigilia de oración; el sábado 6, a las 15.00 horas, en la Basílica de San Pedro, tendrá lugar el Jubileo de las Asociaciones Cristianas LGBT+, “La Tienda de Jonathan” et alia similia; y a las 20.00 00 del mismo día, de nuevo en la iglesia del Gesù, una celebración eucarística presidida por el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, monseñor Francesco Savino, con motivo del Jubileo de los cristianos LGBT+, padres y agentes de pastoral.

 

La dirección de la organización parece estar repartida a partes iguales entre los jesuitas y la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), con unas coordenadas que conducen a un nombre muy concreto: el padre Giuseppe Piva. El jesuita, vive entre la diócesis italiana de Albano Laziale, donde se encuentra la Casa del Sagrado Corazón (centro de retiro de los jesuitas) y Bolonia, y está en el centro de todo el entramado: parece ser él quien ha mantenido relaciones con el rector de la Iglesia del Gesù, el padre Claudio Pera, y con el General de la orden, el padre Arturo Sousa; mientras que, por parte de la CEI, ha utilizado su amistad con el cardenal Matteo Zuppi y el cardenal Marcello Semeraro, ambos muy sensibles a la homoafectividad. No es ningún misterio que el padre Piva es una persona particularmente activa en la “pastoral LGBT” de Bolonia, habiendo puesto en marcha en 2021 el “Curso de formación para agentes pastorales de cristianos y grupos homosexuales”, en el centro de espiritualidad jesuita Villa San Giuseppe, situado justo antes del Santuario de Nuestra Señora de San Lucas, con la aprobación del arzobispo, quien, junto con su “colega” Semeraro, también participó en el evento.

 

Los jesuitas y la CEI demuestran así que son los dos brazos operativos del Papa para que avance la “agenda gay” en la Iglesia. No es casualidad que el “teatro principal” del jubileo arco iris sea la Iglesia del Gesù y tampoco es casualidad que el vicepresidente de la CEI, monseñor Savino (que hace unos meses admitió que un seminarista puede ser heterosexual u homosexual siempre y cuando sea célibe y feliz) presida la celebración eucarística.

 

Y en efecto, nuestra fuente nos confirma que la idea del Jubileo LGBT+ fue presentada al cardenal Zuppi, quien, no hace falta decirlo, dio su bendición y probablemente ofreció su mediación en Santa Marta. La cúpula de la Compañía de Jesús también ha bendecido la propuesta con un comunicado interno del general de los jesuitas, el padre Arturo Sousa –el mismo que afirmaba que “en tiempos de Jesús no había grabadoras”-, dado a conocer por Franca Giansoldati en el periódico Il Messaggero: “’Me parece algo bueno’, recordando a continuación las recomendaciones de Bergoglio sobre la importancia de tratar con misericordia a este colectivo, ‘que él definía como seres humanos con una identidad diferente’”.

 

La línea de todos los implicados es precisamente ésta: la persona no tiene una tendencia homosexual, sino una identidad homosexual. Por tanto, el Jubileo organizado se entiende como la afirmación ante el mundo de que la Iglesia acepta la homosexualidad como identidad distinta de la heterosexualidad, desvirtuando así la única alteridad que ha salido de las manos de Dios –varón y hembra- y modificándola con una nueva polaridad, dictada por la identidad homo o hetero. “Personas que han sido hechas así”, las ha definido Zuppi, en perfecta consonancia con el General de los jesuitas, precisamente durante su intervención en el curso organizado por el padre Piva.

 

A la papelera, por tanto, la “inclinación objetivamente desordenada” del Catecismo de la Iglesia Católica, expresión que era consecuencia del dato de la creación expresado en Gn 1,27: “Varón y hembra los creó”. Porque si no había grabadoras en tiempos de Jesús, menos aún en tiempos de Moisés…

 

La caridad, sin embargo, exige que se siga proclamando la verdad, que es que la homoafectividad es objetivamente un trastorno ligado a la esfera afectiva y sexual; debido a la profunda vinculación entre alma y cuerpo, rasgo característico de la antropología cristiana. La gramática del cuerpo masculino expresa apertura y tendencia hacia el cuerpo femenino, y viceversa; es en este cuerpo donde se expresa también la tendencia sexual, con su característica afectividad que la distingue de otras relaciones afectivas como la amistad. Si esta tendencia se expresa de manera diametralmente opuesta a la de la gramática del cuerpo, entonces sólo puede haber un trastorno grave.

 

No sólo eso: una tendencia es una inclinación hacia una dirección y una tendencia desordenada inclina hacia actos desordenados, que en el caso que nos ocupa son gravemente pecaminosos. Por tanto, es cierto que la tendencia homosexual no es en sí misma un pecado, pero no se puede negar que condiciona negativamente a la persona. Y de ahí nace la obligación de luchar contra la tendencia desordenada, sea cual sea: porque la tendencia homosexual no es ni la primera ni la única tendencia desordenada que aflige a los hombres después del pecado original, aunque se hace sentir de manera particularmente aguda ya que afecta a una dimensión particularmente herida y difícil de reconducir al orden de la razón.

 

El Jubileo LGBT es la debacle no sólo de la doctrina moral de la Iglesia, sino también de su actividad pastoral: en septiembre entrarán en San Pedro asociaciones que promueven la homosexualidad como identidad, como un hecho que no debe corregirse de ninguna manera, contra el que se está exento de luchar. Personas que han sido creadas varón o mujer por Dios, pero a las que se les dice la gran mentira de que su tendencia, que está completamente exenta de armonía con lo que expresa su cuerpo, no es desordenada. Y a quienes se les oculta que los actos que se derivan de esa tendencia son una grave ofensa contra ellos mismos y contra el Creador. En el fondo, se insinúa una blasfemia: que Dios creó a personas caracterizadas por una “egodistonía antropológica”, dándoles un cuerpo caracterizado sexualmente y luego una tendencia completamente opuesta. Con este jubileo, la falsa misericordia entrará triunfante en San Pedro, con la bendición del papa, los cardenales y los obispos: ¿será éste el nuevo “ídolo abominable [...] erigido en un lugar santo” (Mt 24,15)?

martes, 3 de diciembre de 2024

EL "RITO MAYA"

 

y el progresismo papal

 

Mons.  Héctor Aguer

La Prensa, 02.12.2024

 

La Liturgia representa la vida íntima de la Iglesia, su esencia: el culto del Dios Trino, en el que se cumple el Primer Mandamiento; la reproducción del Misterio Pascual de Jesucristo; la comunicación de la Gracia del Espíritu Santo, en la celebración de los Sacramentos.

 

La realización de la Liturgia se verifica según diversos ritos, de Oriente y de Occidente.

 

EL RITO ROMANO

 

El rito romano incluye el Ordo de la Misa Latina, originado aproximadamente en el siglo VI, y que nunca ha sido derogado. En 1970, el Papa Pablo VI sancionó un nuevo Ordo Missae, que se ejerce con alteraciones aquí y allá, y que carece de solemnidad y belleza. Por eso, muchos jóvenes adhieren a la tradición de la “Misa de siempre”, donde ésta no es arbitrariamente prohibida. La letra de esa Misa Tradicional tiene la exactitud del latín eclesiástico.

Los ritos orientales se mantienen invariables a través del tiempo; a lo sumo adoptan, siquiera parcialmente, la lengua del lugar donde se los celebra.

 

El actual Ordo Missae, en cambio, se caracteriza por su variabilidad, e incluye numerosos abusos. Un campo de especial experimentación es la música, ámbito en el cual se ha abandonado el canto gregoriano, y se ha introducido el uso de instrumentos populares. Es notable que aún allí donde existe un órgano de tubos, éste permanece callado. El disgusto que provocan esos cambios explica que numerosos jóvenes adhieran a la “Misa de siempre”. Apunto algo curioso. Se podría pensar que el actual pontificado adopta en su orientación litúrgica los vicios populares argentinos.

 

PASO EN FALSO

 

Ahora se ha dado otro paso en falso: la aprobación del “rito maya”, concedido a México. Es una “incorporación” al rito de la Misa de elementos paganos, abundantes incensaciones, participación de mujeres que intervienen como si fueran sacerdotisas, música popular ajena al ámbito religioso, aplausos y danzas. ¿Qué ha quedado de la Eucaristía cristiana? La formulación de esta instancia constituye un punto de llegada de la transformación de la Liturgia católica, despedazada ahora en la abolición del Culto Divino.

 

La situación creada por esta fabricación es gravísima; altera la espontánea relación entre la Liturgia y el Cielo. No se puede aducir una referencia al Concilio. El primer documento del Vaticano II fue la constitución Sacrosanctum Concilium, votada casi por unanimidad. En este texto se establecía “que nadie, aunque sea sacerdote, se atreva a quitar, añadir o cambiar nada por iniciativa propia en la Liturgia”.

 

Vale para el caso que vengo analizando: el Sumo Pontífice, por iniciativa propia, y contra la Tradición y el sentido litúrgico, promulga un rito inventado para una nación particular, contra la extensión de la Liturgia a toda la Iglesia. El “rito maya”, entonces, contradice al Concilio.

 

AGRAVAMIENTO

 

La responsabilidad pontificia en este caso hace pensar en un agravamiento de su progresismo. Motus in fine velocior: el movimiento se acelera hacia el final. Y otra prueba de ello es el cambio reciente en el ritual de las exequias papales; con evidente objetivo de desacralización. “Sinodalmente” parece que donde hay “pompa” como se la llama, de manera peyorativa-, no tiene cabida el pobrismo. Hay que rezar mucho por el Papa. Que los santos videntes de Fátima, Francisco, Jacinta y Lucía, intercedan por la Iglesia.