sábado, 12 de octubre de 2019

BENEDICTO XVI


  OBSERVATORIO CARDENAL VAN THUAN  
                                           

SOBRE   LA  DOCTRINA  SOCIAL  DE  LA  IGLESIA:
BOLETÍN    1032  10/10/2019

                      Una luz para hoy.

Puede ser muy útil, mientras se desarrolla el Sínodo de la Amazonia, releer el Discurso de Benedicto XVI en la Inauguración de la V Conferencia de los Obispos Latinoamericanos y del Caribe en Aparecida el 13 de Mayo del 2007.

Lo primero que se observa es una visión providencial y cristiana del proceso de evangelización de aquel continente. “¿Qué ha significado la aceptación de la fe cristiana por los países de América Latina y del Caribe?” se preguntaba el Papa y respondía “Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo… ha significado también haber recibido, con las aguas del Bautismo, la Vida Divina que los ha hecho Hijos de Dios por adopción; haber recibido, además, el Espíritu Santo, que ha venido a fecundar la cultura de ellos, purificándola”. De una manera diversa de las tesis que presentan la evangelización como un fenómeno de violenta conquista, Benedicto XVI aclaraba que “El anuncio de Jesús y de Su Evangelio no comportó en ningún momento la alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extranjera… Sólo la Verdad unifica y su prueba es el amor… El Verbo de Dios, haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura”.

Hoy experimentamos que la Iglesia propone las culturas precolombinas como modelo para sí misma y para la humanidad en general, pero Benedicto XVI decía: “La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal no sería un progreso, sino más bien un regreso. En realidad, sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado”.

El título de la conferencia de Aparecida estaba totalmente centrado en Cristo y era totalmente misionero: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, a fin de que nuestros pueblos tengan vida en Él”. No se ponían en el centro las emergencias ecológicas o sociales, sino la fe del Pueblo de Dios en aquel Continente, para recordar a los fieles que “En virtud de su Bautismo son llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo”. Benedicto XVI ponía en el centro la Evangelización y no pensaba que bautizar fuese una forma de proselitismo de la cual abstenerse por respeto de las culturas. En su Discurso en efecto citaba el Evangelio de Marcos: “Id a todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda criatura. El que crea será bautizado, será salvo”.  Venía así propuesta de nuevo la versión tradicional de anuncio, misión y evangelización.

En el Discurso de Aparecida la centralidad no concierne a los pueblos latinoamericanos, de la Amazonia o de otra  región: Concierne a Dios. Se parte y se retorna siempre a Dios. Hablar primero y sobre todo de Dios y no de los problemas sociales –señalaba Benedicto XVI- suscitaba la acusación de huir de la realidad. Y he aquí la respuesta clara y radical del Papa. “El que excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de ‘realidad’ y, en consecuencia puede terminar sólo en caminos errados y con recetas destructivas”.
Hoy el método teológico y pastoral pide partir no de Dios sino de la “realidad”, de la situación histórica y cultural de los pueblos, y luego releer el mensaje de Dios. De opuesto parecer es Benedicto XVI: “Sólo el que reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente frente al fracaso de todos los sistemas que colocan a Dios entre paréntesis”. El lugar teológico es la Revelación  de Dios confiada a la Tradición Apostólica. Si Gustavo Gutiérrez decía que la teología es “acto segundo”, después de la toma de posición frente a los problemas sociales, Benedicto XVI restituye a Dios su puesto, el primer puesto.

Benedicto XVI se plantea después la pregunta: “¿Qué nos da la fe en este Dios?”. Y no responde refiriéndose a la fraternidad humana o a la justicia y a la paz sobre la tierra, o a la conservación de la biodiversidad ambiental… sino a la Iglesia: “Nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica. A la centralidad de Dios corresponde la centralidad de la Iglesia.

Así como no parte de la situación de los pueblos latinoamericanos para releer el Evangelio, sino del Evangelio, así Benedicto XVI no parte de la praxis sino de la doctrina. Él invita a conocer la Palabra de Dios, a hacer catequesis para “conocer” el mensaje de Cristo sin lo cual no se lo puede ni siquiera volverlo guía de la vida. Invita también a una “adecuada formación en la Doctrina Social de la Iglesia, siendo muy útil para ésta el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”.

Dos son los puntos centrales del Discurso de Aparecida: la centralidad de Dios y la relación entre la fe y la recta razón. Ambas cosas, juntas, fundan el catálogo público de la fe católica: “Una sociedad en la cual Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según el modelo de estos valores, aun contra los propios intereses”.
Dado el aire que sopla alrededor del Sínodo de la Amazonia, no tenemos duda de que la lectura de este discurso de Aparecida sea muy útil.

Stefano Fontana

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