sábado, 17 de octubre de 2020

EL OBISPO SCHNEIDER

 


denuncia el “colapso espiritual” que vive la Iglesia

 

Por Carlos Esteban

Infovaticana,| 15 octubre, 2020

 

El letargo espiritual de los pastores, la excesiva concentración en los asuntos temporales y la aspiración de crear una fraternidad naturalista e interreligiosa han llevado a la Iglesia de hoy a un “colapso espiritual”, asegura en una entrevista concedida a The Remnant el obispo auxiliar de Astaná, Anasthasius Schneider.

“Hoy la Iglesia de Roma se encuentra en una situación similar de colapso espiritual, debido al letargo espiritual de la mayoría de los Pastores de la Iglesia, la excesiva absorción del Papa mismo en los asuntos temporales y su empeño por hacer renacer una aspiración universal a una fraternidad mundana y naturalista”, señala el obispo Schneider en su entrevista en la veterana publicación americana The Remnant, comparando la situación actual con la que se vivía en la época de San Francisco de Asís, el santo cuyo nombre lleva el actual pontífice y cuyas palabras han dado título a sus dos últimas encíclicas.

 

Pero el San Francisco que se nos presenta hoy, apunta Schneider, está groseramente falseado, no tiene mucho que ver con el santo medieval. “El Papa Francisco presenta a san Francisco como si hubiera sido un partidario de la diversidad de religiones”, denuncia Schneider.

 

El obispo hace referencia a la anécdota franciscana que abre la última encíclica papal, Fratelli tutti, cuando el santo, en plena cruzada, se dirige con un par de hermanos a la tienda del Sultán Malik-el-Kamil. Tal como la presenta el Papa en la encíclica, se diría que, en efecto, el gran santo se dirigía al potentado musulmán para confirmarle en una fraternidad universal por encima de las religiones, cuando es conocido para quien esté medianamente familiarizado con la historia que San Francisco conminó inmediatamente a El Kamil a que se convirtiera a la fe cristiana, la única verdadera y la única, por tanto, que puede promover una auténtica fraternidad humana.

 

Ese es el ‘olvido’ que lamenta Schneider, que vuelve a uno los motivos de preocupación que suscita la encíclica, que no es otro que el replanteamiento del documento de Abu Dabi, en el que se lee que “el pluralismo y la diversidad de religiones» era algo «querido por Dios en su sabiduría”.

 

En su día, Schneider tuvo una audiencia con el Papa para aclarar este asunto, en la que el Pontífice afirmó que se refería a una “voluntad permisiva”, es decir, a un mero permitir un mal, en este caso la proliferación de errores religiosos. Su Santidad, dice Schneider, tenía la ocasión en esta encíclica de despejar el error y, en lugar de hacerlo, “lo consolidó”.

 

“Hubiera sido muy beneficioso que Fratelli Tutti hubiera declarado la necesidad de que todos los hombres crean en Jesucristo, Dios y Hombre, para encontrar la fuente indispensable de la verdadera fraternidad y la clave para resolver los problemas de las sociedades temporales”, señala Schneider.

 

Si los líderes de la Iglesia en nuestros días están contentos con la hermandad de carne y hueso, remacha Schneider, “están descuidando el mandamiento de Dios en el Evangelio, es decir, el mandamiento de hacer discípulos de Cristo a los miembros de todas las naciones y religiones, hijos en el Unigénito Hijo de Dios, hermanos en Cristo, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar todas las cosas que Cristo ha mandado”.

 

Existe el riesgo de que la Iglesia olvide su misión central de llevar almas al cielo con la predicación del Evangelio, recordando las realidades sobrenaturales, y caiga en un naturalismo asistencial que la convertiría meramente en una gigantesca ONG. Y esta encíclica recién publicada, lamenta el obispo, “agrava el naturalismo que reina hoy en la Iglesia, que se puede calificar como falta de amor a la Cruz de Cristo, a la oración, a la falta de conciencia de la gravedad del pecado y de la necesidad de reparación”.

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